Encurtidos en los talones,
despejadas las mentes.
¡Oh! Militantes de cartón piedra,
aunque parecen de hierro,
de hierro parecen, y sin embargo… nada.
La alianza de pan y paz sostiene al hombre,
sí, lo sostiene,
y lo alimenta mejor con onzas acolchadas.
Sábanas de seda,
faisanes a la carta,
vino en la garganta.
¡Vino, digo, vino que embriaga y no redime!
El guante de seda pasó por la sien,
apagó la tormenta,
la apagó sin aviso,
y allí quedaste tú, desnuda,
desnuda sin darte cuenta.
Almidonado turrón,
amazapado,
en boinas de plástico que arriesgan la noche.
¡Oh, noche que no se consume,
oh noche que no termina!
Melena entusiasta,
soberbia que vuela,
que vuela tras el viento,
que vuela y desea.
Un día sigue a otro día,
y otro día sigue,
y otro día…
¡y el paraguas no se cierra!
El lobo canta,
aparece, se enfurece, desaparece.
¡Canta, aparece, se enfurece, desaparece!
Aprovecha, digo, aprovecha:
los tiburones están saciados,
pero el barco aún tiembla,
tiembla sin saber si resistirá.
Tirabuzones de cuarzo salado
imitan la piel del lagarto,
del lagarto amoryagado,
del lagarto que no olvida.
El día marcará al tiempo,
sí, el día marcará al tiempo,
¡no el tiempo al día!
Y entonces…
recuenta lo sucedido.
Recuenta lo sucedido.
Recuenta,
recuenta…
otro día.
20/08/2025
©Dikia
despejadas las mentes.
¡Oh! Militantes de cartón piedra,
aunque parecen de hierro,
de hierro parecen, y sin embargo… nada.
La alianza de pan y paz sostiene al hombre,
sí, lo sostiene,
y lo alimenta mejor con onzas acolchadas.
Sábanas de seda,
faisanes a la carta,
vino en la garganta.
¡Vino, digo, vino que embriaga y no redime!
El guante de seda pasó por la sien,
apagó la tormenta,
la apagó sin aviso,
y allí quedaste tú, desnuda,
desnuda sin darte cuenta.
Almidonado turrón,
amazapado,
en boinas de plástico que arriesgan la noche.
¡Oh, noche que no se consume,
oh noche que no termina!
Melena entusiasta,
soberbia que vuela,
que vuela tras el viento,
que vuela y desea.
Un día sigue a otro día,
y otro día sigue,
y otro día…
¡y el paraguas no se cierra!
El lobo canta,
aparece, se enfurece, desaparece.
¡Canta, aparece, se enfurece, desaparece!
Aprovecha, digo, aprovecha:
los tiburones están saciados,
pero el barco aún tiembla,
tiembla sin saber si resistirá.
Tirabuzones de cuarzo salado
imitan la piel del lagarto,
del lagarto amoryagado,
del lagarto que no olvida.
El día marcará al tiempo,
sí, el día marcará al tiempo,
¡no el tiempo al día!
Y entonces…
recuenta lo sucedido.
Recuenta lo sucedido.
Recuenta,
recuenta…
otro día.
20/08/2025
©Dikia