prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy miro los contornos de la vaguedad
y dejo crecer en mí el cadáver del universo
con sus vértebras de estrella rota
y el hedor de los bisontes
en altas cumbres de la extinción.
¿Zamolxis, cual de tus ofrendas es el réquiem
de una juventud empedrada en los mausoleos del frenesí,
qué lanzas hieren el tobillo del transeunte anónimo?
Mi voz es el epitafio de las grietas que definen
tu aura de roca y sangre brava.
Deidad amorfa, duermes en la cuna de los ocasos
y a veces exiges morir a los tenores de la humildad.
¿Por qué toda luz es un destierro
que cubre de llanto los aljibes
y llena de fugas los vientres donde quieres engendrar otros planetas suicidas?
Hoy el bronce de las hojas es un espectro de los escudos de tu infertilidad
y no hay más remedio que afilar las palabras de humo
para de una vez decapitar este caos que reina en la conciencia.
y dejo crecer en mí el cadáver del universo
con sus vértebras de estrella rota
y el hedor de los bisontes
en altas cumbres de la extinción.
¿Zamolxis, cual de tus ofrendas es el réquiem
de una juventud empedrada en los mausoleos del frenesí,
qué lanzas hieren el tobillo del transeunte anónimo?
Mi voz es el epitafio de las grietas que definen
tu aura de roca y sangre brava.
Deidad amorfa, duermes en la cuna de los ocasos
y a veces exiges morir a los tenores de la humildad.
¿Por qué toda luz es un destierro
que cubre de llanto los aljibes
y llena de fugas los vientres donde quieres engendrar otros planetas suicidas?
Hoy el bronce de las hojas es un espectro de los escudos de tu infertilidad
y no hay más remedio que afilar las palabras de humo
para de una vez decapitar este caos que reina en la conciencia.