Orfelunio
Poeta veterano en el portal
El culto
Cuando el pez estaba sopa
vi al atleta y al robot,
también letra vi en la ropa,
la burbuja bruja del tarot.
Doscientos fueron tras la envidia sola
y más volvieron envidiosos bobos,
que aún la furia de los clanes lobos
amanecen lúgubres sin la bola.
Al señor le decías en silencio:
tu perdón me consuela del error,
la gloria resucita en el converso,
que se mira excitando su fervor.
Dijiste que mirara en el espejo
y no vi a nadie más en la oración;
sólo el rostro mentía en el reflejo
porque no era un cristal de vocación.
Sonreí ante la duda, bien me acuerdo,
cuando un ángel a mí me preguntó:
oye Juan, si es que estás... quizá me pierdo,
no te olvides dejar la bendición.
Cuando el pez estaba sopa
vi al atleta y al robot,
también letra vi en la ropa,
la burbuja bruja del tarot.
Doscientos fueron tras la envidia sola
y más volvieron envidiosos bobos,
que aún la furia de los clanes lobos
amanecen lúgubres sin la bola.
Al señor le decías en silencio:
tu perdón me consuela del error,
la gloria resucita en el converso,
que se mira excitando su fervor.
Dijiste que mirara en el espejo
y no vi a nadie más en la oración;
sólo el rostro mentía en el reflejo
porque no era un cristal de vocación.
Sonreí ante la duda, bien me acuerdo,
cuando un ángel a mí me preguntó:
oye Juan, si es que estás... quizá me pierdo,
no te olvides dejar la bendición.