Ciela
Poeta veterano en el portal
Según las autoridades de la Secretaría de Prevención de la Drogadicción de la Argentina, es muy elevado consumo de drogas medicinales en el país. Las estadísticas indican que acá se consumen dos veces y medio más psicofármacos que en los Estados Unidos. Pero el mayor grupo de riesgo lo constituyen las mujeres en quienes recae prevalentemente el uso y abuso de psicofármacos que, convertidos en objetos de consumo, han terminado de engendrar una sociedad medicalizada. Más allá de los avances indiscutibles y valiosos de la psicofarmacología, hoy es una preocupación entre los profesionales del área de la salud la prescripción médica abusiva de psicofármacos en poblaciones femeninas.
Tal cuestión me llevó a garabatear este escrito.
EL CUENTO DE LA ANGUSTIA
Había una vez una mujer que hacía gimnasia en Palermo o lavaba la ropa en Almagro o se aburría olímpicamente en Turdera. Solía frecuentar San Isidro o Recoleta y era cajera de un super como la heroína de Un amor en Marsella. Puede que haya sido taxista o quizás partera. Lo cierto es que la ví transmitir de aquí para allá este cuento que no es cuento, de ojera en ojera. Y érase de paso otra mujer, o tal vez era la misma, que sentía angustias de todos los colores. Angustias XXL y angustias de talles menores.
-¡¡Angustias de bolsillo y Angustias en bolsones!!-.
-¡¡Angustias segmentadas y Angustias explayadas!!-.
Como si todo ello fuera poco, la Mujer tenía Angustias en Lista de Espera. Todo al increíble precio de padecer tardes y noches completas, cuando no la vida entera.
-¡¡Angustias bien actuales y Angustias memorables!!-.
-¡¡Angustias de las sueltas y Angustias envasadas!!-.
Claro que también otra mujer sentía angustias envolventes y angustias recuerrentes. Aunque tal vez no era una otra, sino la misma de aquí enfrente. La de la angustia sobrante y aún la de la emergente.
-¡¡Angustias Cantantes y Angustias Sonantes!!-.
-¡¡Angustias Flotantes y Angustias Vigilantes!!-.
Mas todavía existía otra mujer, la subsiguiente. Tenía un tendal de angustias para soltar al viento.
-¡¡Angustias del tiempo de humedad y de una añeja sequedad!!-
-¡¡Angustias nocturnas de la que no duermen y otras más tenues de los atardeceres!!-.
Un día La Mujer se puso una tiendita. Desplegó en ella todo su stock de angustias. Había estantes repletos de angustia abdominal y otros de angustia epitelial.
Como no podía ser de otro modo, la competencia abrió el Kioskito de la Angustia. En sus escaparates contrastaban angustias embrionarias con angustias milenarias. Pese a la mala prensa de la angustia comenzaron a proliferar puestos de venta y su consiguiente merchandansing.
-¡¡Abanicos de Angustias y Angustias en racimos!!-.
-¡¡Baratitaaaaaaaaa la Angustiaaaa!!. ¡¡Angustiasss de todo tipooo!!-.
Mala prensa pero excelente mercado. Es que dios inventó a la Mujer y después vino la Angustia. Y Alguien se encargó de vincularlas. Luego fueron llegando los Shoppings y los Supermercados.
Había una vez una Mujer: la gran protagonista de la Angustia. Y Colorín Colorado, que dios creó a la mujer y los laboratorios a los psicofármacos.
Tal cuestión me llevó a garabatear este escrito.
EL CUENTO DE LA ANGUSTIA
Había una vez una mujer que hacía gimnasia en Palermo o lavaba la ropa en Almagro o se aburría olímpicamente en Turdera. Solía frecuentar San Isidro o Recoleta y era cajera de un super como la heroína de Un amor en Marsella. Puede que haya sido taxista o quizás partera. Lo cierto es que la ví transmitir de aquí para allá este cuento que no es cuento, de ojera en ojera. Y érase de paso otra mujer, o tal vez era la misma, que sentía angustias de todos los colores. Angustias XXL y angustias de talles menores.
-¡¡Angustias de bolsillo y Angustias en bolsones!!-.
-¡¡Angustias segmentadas y Angustias explayadas!!-.
Como si todo ello fuera poco, la Mujer tenía Angustias en Lista de Espera. Todo al increíble precio de padecer tardes y noches completas, cuando no la vida entera.
-¡¡Angustias bien actuales y Angustias memorables!!-.
-¡¡Angustias de las sueltas y Angustias envasadas!!-.
Claro que también otra mujer sentía angustias envolventes y angustias recuerrentes. Aunque tal vez no era una otra, sino la misma de aquí enfrente. La de la angustia sobrante y aún la de la emergente.
-¡¡Angustias Cantantes y Angustias Sonantes!!-.
-¡¡Angustias Flotantes y Angustias Vigilantes!!-.
Mas todavía existía otra mujer, la subsiguiente. Tenía un tendal de angustias para soltar al viento.
-¡¡Angustias del tiempo de humedad y de una añeja sequedad!!-
-¡¡Angustias nocturnas de la que no duermen y otras más tenues de los atardeceres!!-.
Un día La Mujer se puso una tiendita. Desplegó en ella todo su stock de angustias. Había estantes repletos de angustia abdominal y otros de angustia epitelial.
Como no podía ser de otro modo, la competencia abrió el Kioskito de la Angustia. En sus escaparates contrastaban angustias embrionarias con angustias milenarias. Pese a la mala prensa de la angustia comenzaron a proliferar puestos de venta y su consiguiente merchandansing.
-¡¡Abanicos de Angustias y Angustias en racimos!!-.
-¡¡Baratitaaaaaaaaa la Angustiaaaa!!. ¡¡Angustiasss de todo tipooo!!-.
Mala prensa pero excelente mercado. Es que dios inventó a la Mujer y después vino la Angustia. Y Alguien se encargó de vincularlas. Luego fueron llegando los Shoppings y los Supermercados.
Había una vez una Mujer: la gran protagonista de la Angustia. Y Colorín Colorado, que dios creó a la mujer y los laboratorios a los psicofármacos.