karim
Poeta recién llegado
EL CORTEJO
Yo soy quien va detrás en el cortejo
del largo funeral que es mi camino,
partí cuando era niño y me hice viejo
andando tras el fúnebre aparejo,
del cual alguna vez seré inquilino.
Alguno me antecede y cabizbajo
yo pienso en el hermano, en el amigo,
en el desconocido que a destajo
llevó una dura vida de trabajo
y hoy pasa en pos del premio o del castigo.
Tantos marcharse vi. que aún no dejo
a solas de pensar, que contravino
la esencia espiritual por un reflejo,
que tras la risa leda y el festejo
impone lo profano a lo divino.
Ya mucho pregunté sobre la vida,
y aquel que me enseño que a contrafuerte
nos libra lo inmortal, de la caída,
jamás vio el catafalco en la avenida
pasar hacia los predios de la muerte.
La vida en su sentido tan complejo,
cercena la esperanza hilando fino,
estafa nuestra fe y en su manejo
nos da un largo morir que es un bosquejo,
ante nuestro pasaje tan mezquino.
Detrás vienen los otros, los que esperan,
los que me han de llevar al campo santo,
y más atrás aun, ya se aglomeran
los que a mis deudos lleven cuando mueran
a un tálamo bordeado de amaranto.
Me gritan ya el cansancio y el espejo,
que el tiempo es el dador y el asesino,
pues pone sobre el foso un azulejo
y al fondo la ilusión de quien, perplejo,
ve derramarse el vaso del destino.
KARIM
Yo soy quien va detrás en el cortejo
del largo funeral que es mi camino,
partí cuando era niño y me hice viejo
andando tras el fúnebre aparejo,
del cual alguna vez seré inquilino.
Alguno me antecede y cabizbajo
yo pienso en el hermano, en el amigo,
en el desconocido que a destajo
llevó una dura vida de trabajo
y hoy pasa en pos del premio o del castigo.
Tantos marcharse vi. que aún no dejo
a solas de pensar, que contravino
la esencia espiritual por un reflejo,
que tras la risa leda y el festejo
impone lo profano a lo divino.
Ya mucho pregunté sobre la vida,
y aquel que me enseño que a contrafuerte
nos libra lo inmortal, de la caída,
jamás vio el catafalco en la avenida
pasar hacia los predios de la muerte.
La vida en su sentido tan complejo,
cercena la esperanza hilando fino,
estafa nuestra fe y en su manejo
nos da un largo morir que es un bosquejo,
ante nuestro pasaje tan mezquino.
Detrás vienen los otros, los que esperan,
los que me han de llevar al campo santo,
y más atrás aun, ya se aglomeran
los que a mis deudos lleven cuando mueran
a un tálamo bordeado de amaranto.
Me gritan ya el cansancio y el espejo,
que el tiempo es el dador y el asesino,
pues pone sobre el foso un azulejo
y al fondo la ilusión de quien, perplejo,
ve derramarse el vaso del destino.
KARIM