L
Luis Miguel Rubio Domingo
Invitado
Prisionero de su esfera mística, Chun contemplaba el cortejo de dos patos azulones en el lago cercano al templo budista. Los ejemplares eran magníficos. Sus cuellos, de un cian brillante, zambullíanse en el agua y, con un violento giro, parecían escupir un chorro diamantino. Era fasciante. Zhang, su viejo maestro, observaba la escena. Al advertirlo, Chun se dirigió a él.
- Maestro, la excelencia de este amor apasionado agota mis sentidos. Voy a hacer mis ablaciones.
- Ingenuo discípulo: antes de meterse en la ducha con sus compañeros le recomiento que considere el hecho de que sólo los machos son de colores brillantes.
- Maestro, la excelencia de este amor apasionado agota mis sentidos. Voy a hacer mis ablaciones.
- Ingenuo discípulo: antes de meterse en la ducha con sus compañeros le recomiento que considere el hecho de que sólo los machos son de colores brillantes.