A Verd
Poeta recién llegado
El corazón vuelto sistema
IV. Brazo-cañón
Apenas escuchaba mis pasos
en la fría
violácea oscuridad;
de los charcos helados
un vapor voluptuoso
regurgitaba
de la fina capa
como medusas
y solo adivinaba
dos pasos más allá;
mis dientes crujían
y no podía enfundar
en los bolsillos llenos
mis amoratadas manos.
El viento
cortaba la respiración
cercenaba los pulmones
y los bronquios
de la tierra suelta
escapaba humedad;
el de piel roja
y otro altísimo
se columpiaban en un balancín
fabricado con los restos
quemados de metal.
Los ojos del menos alto
eran pequeños;
los míos
como los habituales
solían ser más bien redondos.
IV. Brazo-cañón
Apenas escuchaba mis pasos
en la fría
violácea oscuridad;
de los charcos helados
un vapor voluptuoso
regurgitaba
de la fina capa
como medusas
y solo adivinaba
dos pasos más allá;
mis dientes crujían
y no podía enfundar
en los bolsillos llenos
mis amoratadas manos.
El viento
cortaba la respiración
cercenaba los pulmones
y los bronquios
de la tierra suelta
escapaba humedad;
el de piel roja
y otro altísimo
se columpiaban en un balancín
fabricado con los restos
quemados de metal.
Los ojos del menos alto
eran pequeños;
los míos
como los habituales
solían ser más bien redondos.