blue spring
Poeta recién llegado
Y comenzó a discursar, la teoría psicoanalítica y la filosofía se mezclaban con los hechos que reclamaba. Cada palabra potenciaba la siguiente y se iba convenciendo de la rectitud y la convicción de su razón.
Terminó simplificando la relación y revistiéndola de animalidad.
Y ella, con sus dos palabras, que le surgían del pecho: te quiero, te necesito.....
Ella conocía el juego que él estaba jugando, la zancadilla que se auto infligía. Lo había practicado hacía tiempo. Sabía que el tono de voz que alcanzaba y la frialdad del razonamiento, disminuían al supuesto contrincante, lo alejaban y sin darse cuenta se quedaba vociferando sola. Triunfal, ganadora, satisfecha de sí misma y auto justificada. Pero perdía el corazón del supuesto adversario.
Cómo decirle, que ella había esperado, cada vez que cenaban, a que él se despojara de la toga de catedrático y de la de juez, de la gorra del uniforme y que su corazón se pusiera en pantuflas para escuchar las verdaderas palabras.
Que conocía por su expresión o el tono de voz, cuál era el personaje que hablaba. Y que cuando se emocionaba, giraba la cabeza hacia un lado y se quedaba sin palabras.
Qué hoy al lavar un plato, al tender la cama o enchufar la plancha, lo siente con el corazón en pantuflas y recuerda el sentimiento en su mirada.
Y ella con sus dos palabras...