Daltrangello
Poeta recién llegado
Cuando pienso en todas
las visiones
en cada uno de mis cuerpos
deshilachados
encuentro en el dolor
una suerte de crisis germinal,
imperecedera
y si no piense usted en la bravura
de un militar a segundos de fusilar
al marginal intrépido
así es,
en un ademán hay más travesura
que en todas las palabras
de la inmortalidad.
El pasado es una esquirla
retorciéndose en los ojos resignados
de un niño
y el futuro una diadema arcaica
consumida por el ávido
lenguaje.
el dolor es aquí y ahora, ¡soy yo!
saliéndome por fuera
de la carne, en un continuo
hálito de conservación
es,
la única sinceridad humana,
cuando la cara se desploma, rueda
por el suelo, te mira desde abajo
y te encuentra corrompido
y añejado
un hombre admitió alguna vez
(mientras observábamos la quietud de las calles)
haber conocido mujeres y hombres que
no eran gente, que eran algo diferente
¿eran más que eso?, nadie lo sabe, tal vez
porque las personas, continuó,
no tienen motivos
son mensajeros del tiempo sombrío
de una empresa universal y lógica
del encargo familiar institucionalizado
decía, también,
que el lamento de un cisne
en la agonía de su existencia
es el sonido más precioso del mundo
y que el amor es el pedestal de los próceres
un grito dentro de otro grito
un horizonte en el océano
que percibimos pero nunca alcanzamos
porque al poseerlo se funda y se refunda
como nuestras tierras salvajes
pero ¿Sabe qué?
hoy no creemos en nada de eso
¿Verdad?
las visiones
en cada uno de mis cuerpos
deshilachados
encuentro en el dolor
una suerte de crisis germinal,
imperecedera
y si no piense usted en la bravura
de un militar a segundos de fusilar
al marginal intrépido
así es,
en un ademán hay más travesura
que en todas las palabras
de la inmortalidad.
El pasado es una esquirla
retorciéndose en los ojos resignados
de un niño
y el futuro una diadema arcaica
consumida por el ávido
lenguaje.
el dolor es aquí y ahora, ¡soy yo!
saliéndome por fuera
de la carne, en un continuo
hálito de conservación
es,
la única sinceridad humana,
cuando la cara se desploma, rueda
por el suelo, te mira desde abajo
y te encuentra corrompido
y añejado
un hombre admitió alguna vez
(mientras observábamos la quietud de las calles)
haber conocido mujeres y hombres que
no eran gente, que eran algo diferente
¿eran más que eso?, nadie lo sabe, tal vez
porque las personas, continuó,
no tienen motivos
son mensajeros del tiempo sombrío
de una empresa universal y lógica
del encargo familiar institucionalizado
decía, también,
que el lamento de un cisne
en la agonía de su existencia
es el sonido más precioso del mundo
y que el amor es el pedestal de los próceres
un grito dentro de otro grito
un horizonte en el océano
que percibimos pero nunca alcanzamos
porque al poseerlo se funda y se refunda
como nuestras tierras salvajes
pero ¿Sabe qué?
hoy no creemos en nada de eso
¿Verdad?