MASTER LY 22
Laly
En un lugar en el mundo, hay una antigua montaña. Sus laderas están cubiertas de árboles. En las partes altas hay hermosos Abedules y Sauces pero más abajo Abetos, Hayas, Robles y Fresnos todos con brotes nuevos, es que esta llegando la primavera con todos sus aromas y colores. Este maravilloso lugar es conocido como el Bosque encantado
Lo interesante de este bosque no es solo la gran variedad de árboles; según dicen los niños del lugar es que los días de brisa suave se pueden escuchar dulces melodías.
Donde termina el bosque, hay una casa de paredes blancas y grandes ventanas, con un jardín primorosamente cuidado.
Los niños Lesly y Kilian eran muy felices desde que se mudaron allí. Ahora podían correr y explorar los alrededores de la casa pero con la condición de no internarse en el bosque.
El papá que era un habilidoso carpintero les había construido una casita del árbol que colocó debajo de un gran roble que a medida que pasaban los días se lo veía más frondoso.
La mamá de los niños les hizo unas bellas cortinas floreadas para alegrar la ventanita.
Inmediatamente los hermanitos empezaron a juntar piedritas de colores y piñas para rodear su casita.
Estaban muy entusiasmado explorando y recolectando todo lo que les resultaba bello para la decoración que cada vez se alejaban más y más olvidando las recomendaciones de sus padres.
Estaban con sus bolsillos y manos llenas de tesoros cuando escucharon una hermosa melodía.
Se quedaron muy quietos tratando de ver de donde provenía, cuando vieron a dos hombre pequeños, que según los cuentos que les leía su mamá por las noches antes de ir a dormir se llaman duendes, pero nadie en realidad los habían visto jamás.
Estas pequeñas criaturas estaban uno sentado en un tronco caído con una ramita en las manos y el otro de pie a su lado.
La música brotaba de la ramita cuando el duende se la llevaba a la boca mientras el otro cantaba. Su voz era gruesa pero muy dulce y aterciopelada, la cancion decia:
Bellas criaturas de los cielos
bellas criaturas de la tierra
escuchen esta melodía
que al hogar los guía.
Lesly estaba tan maravillada que en un descuido se le cayó una piedrita y los duendes se sorprendieron tanto que cayeron del tronco. Los niños inmediatamente les dijeron que no se asusten, que podían ser amigos y que sentían curiosidad por esa ramita que podía hacer música.
El duende músico le dijo que su ramita se llamaba flautín, y que es muy especial porque su música junto con la canción del duende cantor podían llegar muy, muy lejos.
El duende cantor les contó que están terminando los días fríos y que estaban guiando a todas las criaturas que migraron en el otoño para que vuelvan al hogar seguras.
Los niños estaban emocionados por la bondad de los duendes y les contaron el motivo por el que se adentraron al bosque solos, pero que estaban felices de haberlos conocido y que les encantaría mostrarles su casita del árbol.
Los duendes le dijeron que aún tenían mucha tarea que hacer hasta que todos los animales estén a salvo, que no suelen salir del bosque pero les prometieron que gustosos irían a conocer su casita de madera.
Así fue que en un día radiante de sol las aves despertaron a los hermanitos. Cuando salieron al jardín las mariposas revoloteaban entre las margaritas y las rosas, la alegría reinaba en el lugar.
Corrieron hasta la casita del árbol y observaron que ésta estaba rodeada de piedras de múltiples colores y todas brillaban como pequeños soles. Los niños se miraron y supieron que sus amigos los duendes cumplieron su promesa.
La brisa era muy suave y una dulce melodia lentamente se iba alejando.
Lo interesante de este bosque no es solo la gran variedad de árboles; según dicen los niños del lugar es que los días de brisa suave se pueden escuchar dulces melodías.
Donde termina el bosque, hay una casa de paredes blancas y grandes ventanas, con un jardín primorosamente cuidado.
Los niños Lesly y Kilian eran muy felices desde que se mudaron allí. Ahora podían correr y explorar los alrededores de la casa pero con la condición de no internarse en el bosque.
El papá que era un habilidoso carpintero les había construido una casita del árbol que colocó debajo de un gran roble que a medida que pasaban los días se lo veía más frondoso.
La mamá de los niños les hizo unas bellas cortinas floreadas para alegrar la ventanita.
Inmediatamente los hermanitos empezaron a juntar piedritas de colores y piñas para rodear su casita.
Estaban muy entusiasmado explorando y recolectando todo lo que les resultaba bello para la decoración que cada vez se alejaban más y más olvidando las recomendaciones de sus padres.
Estaban con sus bolsillos y manos llenas de tesoros cuando escucharon una hermosa melodía.
Se quedaron muy quietos tratando de ver de donde provenía, cuando vieron a dos hombre pequeños, que según los cuentos que les leía su mamá por las noches antes de ir a dormir se llaman duendes, pero nadie en realidad los habían visto jamás.
Estas pequeñas criaturas estaban uno sentado en un tronco caído con una ramita en las manos y el otro de pie a su lado.
La música brotaba de la ramita cuando el duende se la llevaba a la boca mientras el otro cantaba. Su voz era gruesa pero muy dulce y aterciopelada, la cancion decia:
Bellas criaturas de los cielos
bellas criaturas de la tierra
escuchen esta melodía
que al hogar los guía.
Lesly estaba tan maravillada que en un descuido se le cayó una piedrita y los duendes se sorprendieron tanto que cayeron del tronco. Los niños inmediatamente les dijeron que no se asusten, que podían ser amigos y que sentían curiosidad por esa ramita que podía hacer música.
El duende músico le dijo que su ramita se llamaba flautín, y que es muy especial porque su música junto con la canción del duende cantor podían llegar muy, muy lejos.
El duende cantor les contó que están terminando los días fríos y que estaban guiando a todas las criaturas que migraron en el otoño para que vuelvan al hogar seguras.
Los niños estaban emocionados por la bondad de los duendes y les contaron el motivo por el que se adentraron al bosque solos, pero que estaban felices de haberlos conocido y que les encantaría mostrarles su casita del árbol.
Los duendes le dijeron que aún tenían mucha tarea que hacer hasta que todos los animales estén a salvo, que no suelen salir del bosque pero les prometieron que gustosos irían a conocer su casita de madera.
Así fue que en un día radiante de sol las aves despertaron a los hermanitos. Cuando salieron al jardín las mariposas revoloteaban entre las margaritas y las rosas, la alegría reinaba en el lugar.
Corrieron hasta la casita del árbol y observaron que ésta estaba rodeada de piedras de múltiples colores y todas brillaban como pequeños soles. Los niños se miraron y supieron que sus amigos los duendes cumplieron su promesa.
La brisa era muy suave y una dulce melodia lentamente se iba alejando.
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