Javier Lorenzo
Poeta recién llegado
Cosas que desprecio,
que siempre despreciaré,
insensatos saltos de los gatos
sobre los techos
en las noches,
de pronto el terror,
ese maullido que se parece tanto
al bebé cuando lloraba
en esas noches que ya no están.
Esas noches... dormir era la consigna,
noches de calor insoportable,
el ventilador a centímetros del cuerpo
y no alcanzaba.
Siempre estábamos pendientes del bebé
quizás presagiando lo que pasó,
quizás solo por instinto paterno,
bebé cachorrito que cuidábamos
girando a su alrededor a toda hora,
y los gatos acalorados, en celo,
corriendo sobre el techo de chapa,
apasionados gatos que maullaban
sobresaltando mi débil sueño.
Se movía bastante el bebé cuando dormía,
pesadillas decía yo, maravillas desconocidas decía ella,
se movía como buscando algo en realidad,
la frente transpirada en ese verano de locos,
de vez en cuando despertarlo
y meterlo en la bañadera,
te aliviaré el calor bebé
para que puedas seguir soñando.
Pero en la noche del 26,
los gatos parecían estar dentro de la habitación
maullando desgarradoramente,
desesperadamente,
como lo haría nuestro bebé,
no lo soporté más,
descargué el fierro que siempre tenía a mano
mil veces
sobre el cuerpo del primer gato que encontré,
harto de tanto sobresalto
en esas noches de calor insoportable.
Volví a la habitación,
más tranquilo,
y dormí toda la noche,
sin preocupaciones,
sin nervios al fin.
Me despertó muy temprano
el grito desgarrador de ella
cuando se asomó a la habitación
del bebé.
que siempre despreciaré,
insensatos saltos de los gatos
sobre los techos
en las noches,
de pronto el terror,
ese maullido que se parece tanto
al bebé cuando lloraba
en esas noches que ya no están.
Esas noches... dormir era la consigna,
noches de calor insoportable,
el ventilador a centímetros del cuerpo
y no alcanzaba.
Siempre estábamos pendientes del bebé
quizás presagiando lo que pasó,
quizás solo por instinto paterno,
bebé cachorrito que cuidábamos
girando a su alrededor a toda hora,
y los gatos acalorados, en celo,
corriendo sobre el techo de chapa,
apasionados gatos que maullaban
sobresaltando mi débil sueño.
Se movía bastante el bebé cuando dormía,
pesadillas decía yo, maravillas desconocidas decía ella,
se movía como buscando algo en realidad,
la frente transpirada en ese verano de locos,
de vez en cuando despertarlo
y meterlo en la bañadera,
te aliviaré el calor bebé
para que puedas seguir soñando.
Pero en la noche del 26,
los gatos parecían estar dentro de la habitación
maullando desgarradoramente,
desesperadamente,
como lo haría nuestro bebé,
no lo soporté más,
descargué el fierro que siempre tenía a mano
mil veces
sobre el cuerpo del primer gato que encontré,
harto de tanto sobresalto
en esas noches de calor insoportable.
Volví a la habitación,
más tranquilo,
y dormí toda la noche,
sin preocupaciones,
sin nervios al fin.
Me despertó muy temprano
el grito desgarrador de ella
cuando se asomó a la habitación
del bebé.