ajo de mani
Poeta recién llegado
El arte de ser una estrella
Cuando el mundo apenas tocaba la vida,
miles de millones de estrellas se habrían creado y muerto,
unas más brillantes que otras,
todas en mitad de un espacio incomprensible, y vasto,
cada una observaba cómo explotaban en belleza sus aliadas.
Cuando la vida llegó, ahora eran parte de algo mucho más grande,
pero incluso más frágil que ellas.
Eran espectaculares, para los ojos más sensibles,
aunque las estrellas no sentían, eran una razón de sentir,
verlas todas, era como ver un arte infinito, hipnótico.
Alumbraban a lo que tenía más vida que ellas,
morían mil veces más bellas, de lo que en vida eran.
Brillaban tanto, que pareciera que se revelaban ante el universo oscuro.
Pero no era más que el simple arte de ser estrellas.
Cuando el mundo apenas tocaba la vida,
miles de millones de estrellas se habrían creado y muerto,
unas más brillantes que otras,
todas en mitad de un espacio incomprensible, y vasto,
cada una observaba cómo explotaban en belleza sus aliadas.
Cuando la vida llegó, ahora eran parte de algo mucho más grande,
pero incluso más frágil que ellas.
Eran espectaculares, para los ojos más sensibles,
aunque las estrellas no sentían, eran una razón de sentir,
verlas todas, era como ver un arte infinito, hipnótico.
Alumbraban a lo que tenía más vida que ellas,
morían mil veces más bellas, de lo que en vida eran.
Brillaban tanto, que pareciera que se revelaban ante el universo oscuro.
Pero no era más que el simple arte de ser estrellas.