Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Espejo imperial de la muerte...
danos tu cobijo para sentir el impulso de la vida.
Somos un hormiguero de raíces...
todas podridas de vergüenza.
La sangre se asoma por las venas...
laceradas de dolor y desesperanza.
El frío se agota en nuestras narices...
y el sol se enluta en su idilio equinoccial.
Somos un juguete de la muerte...
una marioneta que se juega los pasos en camino...
somos una manada de bestias...
en un capullo de rosa negra y lacrimosa.
La niña destrozada...que vive en la historia...
comida por las ratas...su grácil virginidad.
El niño inmundo...que dormita a nuestros pies...
se expande en la memoria...y la miseria que nos aguarda.
Son los infantes lúgubres de la sangre...
Son la noche eterna...noche que asesinó el brillo del sol.
El silencio domina el sendero...
como el libro oculto del trágico destino.
La luna ya muere en sus brillos celestes...
nos acerca a su historia...nos atrapa.
La bella flor, como luna blanca en la oscuridad...
Ah...si pudiera el menos probar su fragancia.
Pero estamos manchados
manchados de la negritud de nuestro tiempo.
Somos un pueblo de ignominia
olvidados como un desaire del poeta.
El dolor se enciende en nuestras almas
se interna en el pecho cual daga sagrada,
y marchita el aire que nos aborda.
Y guiados por nuestra devoción
nos arrancamos las pieles
dejando que muerte fluya en manantiales
embriagándonos de tristeza y oscuridad.
danos tu cobijo para sentir el impulso de la vida.
Somos un hormiguero de raíces...
todas podridas de vergüenza.
La sangre se asoma por las venas...
laceradas de dolor y desesperanza.
El frío se agota en nuestras narices...
y el sol se enluta en su idilio equinoccial.
Somos un juguete de la muerte...
una marioneta que se juega los pasos en camino...
somos una manada de bestias...
en un capullo de rosa negra y lacrimosa.
La niña destrozada...que vive en la historia...
comida por las ratas...su grácil virginidad.
El niño inmundo...que dormita a nuestros pies...
se expande en la memoria...y la miseria que nos aguarda.
Son los infantes lúgubres de la sangre...
Son la noche eterna...noche que asesinó el brillo del sol.
El silencio domina el sendero...
como el libro oculto del trágico destino.
La luna ya muere en sus brillos celestes...
nos acerca a su historia...nos atrapa.
La bella flor, como luna blanca en la oscuridad...
Ah...si pudiera el menos probar su fragancia.
Pero estamos manchados
manchados de la negritud de nuestro tiempo.
Somos un pueblo de ignominia
olvidados como un desaire del poeta.
El dolor se enciende en nuestras almas
se interna en el pecho cual daga sagrada,
y marchita el aire que nos aborda.
Y guiados por nuestra devoción
nos arrancamos las pieles
dejando que muerte fluya en manantiales
embriagándonos de tristeza y oscuridad.