EL ÁGUILA Y EL GORRIÓN
Conocía yo un gorrión
que aprendiendo de su dueño
abría su propia jaula,
se asomaba, la cerraba;
sentíase menos preso.
Conocí también un águila
que halló placer en su vuelo
sorteando las corrientes,
posándose en los salientes
para lanzarse de nuevo.
El destino quiso un día
juntar miradas y vientos;
el gorrión abrió la puerta,
llegó el águila a la aldea
y en un requiebro se vieron.
Se vio con fuerza en las alas
el gorrión que estaba preso
y cansada de volar
quiso el águila probar
ser libre con compañero.
Desde entonces vuelan juntos,
majestuosa, pequeño,
sin nadie que los gobierne,
viviendo sólo el presente
sin patria, jaula ni dueño.