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Ecos de celebración y muerte

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ECOS DE CELEBRACIÓN Y MUERTE


Larga fila de corazones sangrantes
ilumina la noche
bajo capirotes acutángulos
riegan los atardeceres con sus cárdenos goteos.

Veladuras de canciones chirriantes
protegen con las flores de sus versos
las infamias y los juramentos.

Anochece entre el trafico y la duda

Las filas que procesionan nacen de oscuros portones
arrastran los corazones desvaídos
cantando como ciegos cancerberos
respondiendo a los balcones floridos.

Toda la ciudad retumba con cánticos que son lamentos
Toda la ciudad se cubre de inciensos y y falsos sándalos
Toda la ciudad es columna salomónica
con espirales de humo.

Es la orgía del sacrificio que ofician
sayones y capirotes.

Limpia de coches y perros la ciudad se vuelve blanda

Escoltados por los graznidos y miradas de lechuza
artísticos barros polícromos
se erigen en esencias justicieras
necesitan ofrenda de corazones
necesitan corazones sin cerebro.

La ciudad es un clamor mientras fuera los campos duermen.

Llenando el vacío sideral
del campo hueco
manos calladas y voces sin eco
apagan sus miradas opacas
contemplando como pasa el cortejo
que acompaña
al soldado muerto.
 
ECOS DE CELEBRACIÓN Y MUERTE


Larga fila de corazones sangrantes
ilumina la noche
bajo capirotes acutángulos
riegan los atardeceres con sus cárdenos goteos.

Veladuras de canciones chirriantes
protegen con las flores de sus versos
las infamias y los juramentos.

Anochece entre el trafico y la duda

Las filas que procesionan nacen de oscuros portones
arrastran los corazones desvaídos
cantando como ciegos cancerberos
respondiendo a los balcones floridos.

Toda la ciudad retumba con cánticos que son lamentos
Toda la ciudad se cubre de inciensos y y falsos sándalos
Toda la ciudad es columna salomónica
con espirales de humo.

Es la orgía del sacrificio que ofician
sayones y capirotes.

Limpia de coches y perros la ciudad se vuelve blanda

Escoltados por los graznidos y miradas de lechuza
artísticos barros polícromos
se erigen en esencias justicieras
necesitan ofrenda de corazones
necesitan corazones sin cerebro.

La ciudad es un clamor mientras fuera los campos duermen.

Llenando el vacío sideral
del campo hueco
manos calladas y voces sin eco
apagan sus miradas opacas
contemplando como pasa el cortejo
que acompaña
al soldado muerto.
A veces se gana, a veces se pierde, y quien lo paga, nuestros corazones.

Saludos
 
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