luna roja
Princesa de fuego
El niño caminaba tranquilo arrastraba la bolsa de las compras en sus tiernas manitos, cuando llego a la reja de una casa pensó que sería divertido golpearla reja con la bolsa, el problema es que había un perro del otro lado de la reja que al escuchar el ruido, enfurecido comenzó a ladrar tratando de mordisquear la bolsa, el niño comenzó a reír y siguió haciendo ruido esa fue la primera vez.
No conforme, a partir de ese momento, cada vez que su madre lo mandaba hacer los mandados, el niño, como de unos ocho años, tomó como costumbre molestar al animal.
Un día lluvioso cuando el pequeño llego de la escuela, su madre como siempre lo mando a comprar pan para merendar, el niño salió corriendo contento pensando en hacer sus diabluras de siempre, cuando llego a la casa de rejas altas mientras caminaba muy tranquilo, comenzó su ritual de siempre, golpear la reja con la bolsa, incitando al perro a gruñir y luego ladrar muy alterado, como estaba muy entretenido no se percató de que el portón de la reja estaba semiabierto y cuando paso junto a él, el perro salió y saltó sobre su cara ,su cuello, le arrancó una oreja a mordiscones, bañando la acera con la sangre del diminuto diablillo, que con gritos atroces tratada de escapar de las dentelladas, hasta que unos transeúntes lograron dominar al animal y llevar al niño a un hospital.
El animal fue sacrificado, una víctima inocente más de tantas, pero, aún así hoy el niño ya hombre, tartamudea al hablar, tiene cicatrices en varias partes del cuerpo y solo escucha de un oído pero aprendió la lección y le enseña a sus hijos a respetar los animales y la vida.
No conforme, a partir de ese momento, cada vez que su madre lo mandaba hacer los mandados, el niño, como de unos ocho años, tomó como costumbre molestar al animal.
Un día lluvioso cuando el pequeño llego de la escuela, su madre como siempre lo mando a comprar pan para merendar, el niño salió corriendo contento pensando en hacer sus diabluras de siempre, cuando llego a la casa de rejas altas mientras caminaba muy tranquilo, comenzó su ritual de siempre, golpear la reja con la bolsa, incitando al perro a gruñir y luego ladrar muy alterado, como estaba muy entretenido no se percató de que el portón de la reja estaba semiabierto y cuando paso junto a él, el perro salió y saltó sobre su cara ,su cuello, le arrancó una oreja a mordiscones, bañando la acera con la sangre del diminuto diablillo, que con gritos atroces tratada de escapar de las dentelladas, hasta que unos transeúntes lograron dominar al animal y llevar al niño a un hospital.
El animal fue sacrificado, una víctima inocente más de tantas, pero, aún así hoy el niño ya hombre, tartamudea al hablar, tiene cicatrices en varias partes del cuerpo y solo escucha de un oído pero aprendió la lección y le enseña a sus hijos a respetar los animales y la vida.