Verbigracia de engatusada rama noble. Aureo destello de ascendencia aristocrática dramática y terrible. Duque de Alba. Faz barbuda y de castellanos ojos grandes y profundamente negros. Cabalgas por las dos castillas como un ancestral dios omnímodo. Eres la esperanza de un pueblo sin rey. Eres el ser perverso; pero afable para con los de corazón puro. Debes decapitar cabezas de traidores a la patria chica. Para empalar en tiesos mimbres ensangrentados en una noche fluorescente de difuntos. El rictus de tus finos labios es el embeleso de las enamoradas mozas de alta y baja alcurnia. ¡ Oh ! Duque de Alba. La noche cae a tus pies. Mientras tu cabellera ondea. Antes de ser rapada. Como muestra de sacramental juramento al rey de los godos por una santa apuesta. El alba se acerca. Y bajando del rocín, lo llevas a las cuadras. Para, una vez más, entrar en tus aposentos para copular con tu fogosa mujer. De magras nalgas y despampanantes ubres de aceitosos pezones.