F
Francisco
Invitado
Dulzura
No puede la dulzura habitar sólo la rosa
cuando mi beso la reclama por justa y cercana;
sus lazos de sangre no lo son con la escarcha
ni la rosa quiere ser la única presencia dulzona.
La caricia también la reclama porque ama,
uniendo a las palabras es buena enredadora
y a las miradas las torna de luces candorosas,
sea, pues, la dulzura, huésped en mi almohada.
Las manos saben quebrar el tallo de la rosa
como saben cuidarla y que no se les vaya;
el beso sólo sabe ser su genial estampa
pero su carne es amarga si no la decora.
«Dulzura» será adjetivo que rasgará las sábanas,
una muerte digna en una noche hermosa,
cimitarra que mata la humana deshonra
de un futuro malsano y de una tortura hermana.
Auspicia las infinitas pretensiones amorosas
por ser la sombra del candor y el metal de sus armas.
Vengan a mis regazos sus sortilegios en bandada,
vengan a mi alcoba... a este jardinero de rosas.
Flor ~ Valencia, a 21 de octubre de 2oo4
No puede la dulzura habitar sólo la rosa
cuando mi beso la reclama por justa y cercana;
sus lazos de sangre no lo son con la escarcha
ni la rosa quiere ser la única presencia dulzona.
La caricia también la reclama porque ama,
uniendo a las palabras es buena enredadora
y a las miradas las torna de luces candorosas,
sea, pues, la dulzura, huésped en mi almohada.
Las manos saben quebrar el tallo de la rosa
como saben cuidarla y que no se les vaya;
el beso sólo sabe ser su genial estampa
pero su carne es amarga si no la decora.
«Dulzura» será adjetivo que rasgará las sábanas,
una muerte digna en una noche hermosa,
cimitarra que mata la humana deshonra
de un futuro malsano y de una tortura hermana.
Auspicia las infinitas pretensiones amorosas
por ser la sombra del candor y el metal de sus armas.
Vengan a mis regazos sus sortilegios en bandada,
vengan a mi alcoba... a este jardinero de rosas.
Flor ~ Valencia, a 21 de octubre de 2oo4