• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Dulcemente cruel

¡Hermano! Te quiero aquí con nosotros. Aunque la dulzura de la muerte seduzca. Aunque al otro lado también podamos ser amigos. Aunque se aprenda mucho del diálogo directo con la muerte, lo que incorpores, ven, quédate y cuéntanoslo. Quizás podremos intercambiar figuritas. Maestro como siempre. Aún al filo de la vida. Abrazos. Daniel

En donde estés: Gracias Daniel, que sea con suerte tu viaje. Mi abrazo.
 
Exquisitamente cruel es leerle, y contemplarle poeta en esa abanico que nos muestra su paleta...


solo GENIAl


Las voces de los muertos
arañan el retablo;
peregrinan en las bocas de los sauces
que lloran eléctricas melenas.
No fui el que te nombró en la tormenta
o sobre los rieles cuando caía
ni siquiera fui la mosca sobre tu pestaña:
molesta, cargosa, grosera;
hurgando en tu miseria,
lamiendo el mosto de tus huesos.
Pero había cierta actitud tétrica
cuando abrazaba tu guadaña
y su filo acariciaba mi cuello.
Enervante placer puliendo mis dientes;
sarcástico aplauso de mis rodillas temblorosas
a ojos vistas de tu esencia, dulcemente cruel.
 
Y pensar que dicen que a nadie le amarga un dulce... :::lengua1:::
Es como todo, uno sabe cuando está pisando en falso, pero la terquedad se transforma en absurda valentía y vamos más allá, sabiendo que en cualquier suspiro cede el suelo y ni Newton nos salva de la caída libre.
Me gustó mucho mi Dann, está para morderlo poquito a poco!
Besos,
Chiqui.-
 
Y pensar que dicen que a nadie le amarga un dulce... :::lengua1:::
Es como todo, uno sabe cuando está pisando en falso, pero la terquedad se transforma en absurda valentía y vamos más allá, sabiendo que en cualquier suspiro cede el suelo y ni Newton nos salva de la caída libre.
Me gustó mucho mi Dann, está para morderlo poquito a poco!
Besos,
Chiqui.-

Por las dudas mordería un Dulce, puede que sea menos filoso.

Te quiero mi loqui.
 
La muerte como el amor, es dulce y anhelado en el mismo instante del éxtasis profundo. Abrazos.
 
Las voces de los muertos
arañan el retablo;
peregrinan en las bocas de los sauces
que lloran eléctricas melenas.
No fui el que te nombró en la tormenta
o sobre los rieles cuando caía
ni siquiera fui la mosca sobre tu pestaña:
molesta, cargosa, grosera;
hurgando en tu miseria,
lamiendo el mosto de tus huesos.
Pero había cierta actitud tétrica
cuando abrazaba tu guadaña
y su filo acariciaba mi cuello.
Enervante placer puliendo mis dientes;
sarcástico aplauso de mis rodillas temblorosas
a ojos vistas de tu esencia, dulcemente cruel.


Trémula aceptación del ocaso, no carente de un cierto... desasosiego?
Transporta con viveza al momento postrero.

Felicidades

Uqbar
 
Atrás
Arriba