beto178
Poeta recién llegado
Me esperas al atardecer, con dulce paciencia,
como se espera la puesta del sol, momento inaudito
que nos representa el ocaso de nuestros sueños cotidianos.
Me esperas como el otoño las hojas caer.
Me conmueve, tu semblante cargado de esperanza,
lindo tesoro de Pandora y una caja de cristal
custodiada por Cerbero a los pies de Cronos.
Me esperas con la calma del atardecer,
con la paciencia del retoñar de las flores en primavera,
con la simpleza del agua cristalina brotando en la fuente.
Y tu paciencia de mujer frágil exaspera mi devoción,
carga pasional que te ofrezco como un ramillete
de lindas flores cortadas bajo el rocío matinal.
Tus labios inmóviles eclipsan mis palabras ahogadas
en el manantial de la duermevela, y sueño volando,
sobre las paredes del inhóspito cementerio,
donde te enterré, donde reposas tus cansados párpados.
Y abro los ojos para descubrir tu sombra,
claro reflejo trasnochado de un recuerdo marchito,
pasan los años y tu muerte difumina la claridad
de tu rostro aperlado por el tiempo.
Deseo besar tus manos descarnadas y recibir,
de tus labios sin carne el gélido aliento de tu voz.
Y entrar en comunión por toda la eternidad,
en ese paraíso sin dolor, en el frío noctámbulo
del purgatorio, hasta el final de los días
como se espera la puesta del sol, momento inaudito
que nos representa el ocaso de nuestros sueños cotidianos.
Me esperas como el otoño las hojas caer.
Me conmueve, tu semblante cargado de esperanza,
lindo tesoro de Pandora y una caja de cristal
custodiada por Cerbero a los pies de Cronos.
Me esperas con la calma del atardecer,
con la paciencia del retoñar de las flores en primavera,
con la simpleza del agua cristalina brotando en la fuente.
Y tu paciencia de mujer frágil exaspera mi devoción,
carga pasional que te ofrezco como un ramillete
de lindas flores cortadas bajo el rocío matinal.
Tus labios inmóviles eclipsan mis palabras ahogadas
en el manantial de la duermevela, y sueño volando,
sobre las paredes del inhóspito cementerio,
donde te enterré, donde reposas tus cansados párpados.
Y abro los ojos para descubrir tu sombra,
claro reflejo trasnochado de un recuerdo marchito,
pasan los años y tu muerte difumina la claridad
de tu rostro aperlado por el tiempo.
Deseo besar tus manos descarnadas y recibir,
de tus labios sin carne el gélido aliento de tu voz.
Y entrar en comunión por toda la eternidad,
en ese paraíso sin dolor, en el frío noctámbulo
del purgatorio, hasta el final de los días