Luis Elissamburu
Poeta fiel al portal
Siempre había monedas
en las manos del abuelo.
Era el único que las daba
con esa mágica sonrisa
que pórtan los vascos buenos.
Ni tenía que pedírselas,
él adivinaba mi recato.
Decía que el dinero
solo servía
para gastarlo.
Y mi gran alegría
era darle la razón.
Excelentes socios
volvían del kiosko
con la dulce inversión.
en las manos del abuelo.
Era el único que las daba
con esa mágica sonrisa
que pórtan los vascos buenos.
Ni tenía que pedírselas,
él adivinaba mi recato.
Decía que el dinero
solo servía
para gastarlo.
Y mi gran alegría
era darle la razón.
Excelentes socios
volvían del kiosko
con la dulce inversión.