IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Creer por un temor inalterable,
agraciados por cada ignorante razón,
que como el viento,
nos lleva hacia un tremulo futuro
nuestra hastiada voluntad,
nadie conoce sus quebrantos,
últimos suspiros,
detrás del consuelo,
de esos llantos
impregnados de impotencia
que solo escuchamos en nuestros sueños,
ósculos sagrados,
íntimos fragmentos,
consciencia aún corrupta,
dinamitando
la invaluable conmoción,
ahora hecha olvido,
danzando junto al recuerdo sin rostro,
guiándonos por los pasos del tiempo,
cada segundo que carcome a la juventud,
minutos en el aire,
aún soñando,
años que se desprenden,
obviando la desnudez
de una silueta que ahora se pudre,
¡jovial juventud!,
si pudiera volver,
le diría que la muerte es condena,
que la vida se alimenta con pena,
que la sabiduría no cura esta agonía,
que aún estoy desesperado,
por haber probado lo prohibido,
el yerro de todo nacimiento,
ya que,
esta duda carece de sentido.
agraciados por cada ignorante razón,
que como el viento,
nos lleva hacia un tremulo futuro
nuestra hastiada voluntad,
nadie conoce sus quebrantos,
últimos suspiros,
detrás del consuelo,
de esos llantos
impregnados de impotencia
que solo escuchamos en nuestros sueños,
ósculos sagrados,
íntimos fragmentos,
consciencia aún corrupta,
dinamitando
la invaluable conmoción,
ahora hecha olvido,
danzando junto al recuerdo sin rostro,
guiándonos por los pasos del tiempo,
cada segundo que carcome a la juventud,
minutos en el aire,
aún soñando,
años que se desprenden,
obviando la desnudez
de una silueta que ahora se pudre,
¡jovial juventud!,
si pudiera volver,
le diría que la muerte es condena,
que la vida se alimenta con pena,
que la sabiduría no cura esta agonía,
que aún estoy desesperado,
por haber probado lo prohibido,
el yerro de todo nacimiento,
ya que,
esta duda carece de sentido.