DIEGO
Poeta adicto al portal
Demasiadas veces, y cada tanto, me asomo al infierno...
No conozco otra manera de recordar quién soy.
Ya quisiera contar con una alternativa menos peligrosa, menos dolorosa, pero no la tengo.
Esto de caminar entre los límites de lo gélido y lo candente, me despierta.
No lo quiero, pero lo necesito.
Es como ese hilo de plata que me conecta a lo mortal.
Los pequeños y contados momentos del bien - estar
son el camino que indefectiblemente me conducen a los de la miseria, muchos más frecuentes y duraderos.
Esa cosa de Jeckill y Hyde que me humaniza y me hace experimentar la levedad, aquella tan insoportablemente humana.
Demasiadas veces, y cada tanto, me asomo al infierno...
No conozco otra manera de recordar quién soy.
Ya quisiera contar con una alternativa menos peligrosa, menos dolorosa, pero no la tengo.
Esto de caminar entre los límites de lo gélido y lo candente, me despierta.
No lo quiero, pero lo necesito.
Es como ese hilo de plata que me conecta a lo mortal.
Los pequeños y contados momentos del bien - estar
son el camino que indefectiblemente me conducen a los de la miseria, muchos más frecuentes y duraderos.
Esa cosa de Jeckill y Hyde que me humaniza y me hace experimentar la levedad, aquella tan insoportablemente humana.
Demasiadas veces, y cada tanto, me asomo al infierno...