Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En ese punto en que dos trenes
cruzando sus destinos,
pueden llegar a ver
como son en realidad por dentro,
los sonidos que guardan
por pequeños que sean,
escondidos en los hielos
de un vaso de refresco,
bajo el peso de la almohada
de un vagón litera,
desprendidos de sus dueños,
libremente liberados por un tiempo
del peso de las horas,
del movimiento convulso
que acompaña a las acciones.
En ese punto, como digo,
en que se cruzan dos trenes
y se mezclan
sus miradas líquidas, en una,
se puede, sin reservas,
llegar a vivir en otros,
en aquellos que se atreven
a bajar las ventanillas,
y sacar hacia el aire
una mano que se extiende,
sin demasiados obstáculos.
cruzando sus destinos,
pueden llegar a ver
como son en realidad por dentro,
los sonidos que guardan
por pequeños que sean,
escondidos en los hielos
de un vaso de refresco,
bajo el peso de la almohada
de un vagón litera,
desprendidos de sus dueños,
libremente liberados por un tiempo
del peso de las horas,
del movimiento convulso
que acompaña a las acciones.
En ese punto, como digo,
en que se cruzan dos trenes
y se mezclan
sus miradas líquidas, en una,
se puede, sin reservas,
llegar a vivir en otros,
en aquellos que se atreven
a bajar las ventanillas,
y sacar hacia el aire
una mano que se extiende,
sin demasiados obstáculos.