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Domingo, cuando quiero

Jack Sparrow

Poeta reconocido

El alba asomándose suena como una puerta de fierro que se abre.
Mi voz, que se oía hasta hace un rato en el fin del mundo,
se silencia ahora con el llanto de unas aves que agonizan ignorándolo.
La noche se largó con el último sorbo condensado
en la brasa de una ardiente hoja esmeralda.
Ya no hay de esa alegría baldía compinche del faustino azul.
Desde la sierra vino orondo y lagañoso el día que ahogué en el mar.
Queda la nube opaca de mis ojos,
la pereza del cuerpo apaleado por el frío,
la última patada a la botella vacía.
Los muertos se han dormido y los vivos hacen “jogging”.
Los veo. Pobres seres que aspiran incólumes la sanidad,
respiran el aire que dejan los murciélagos.
Anhelan la sangre pura y los pulmones limpios,
mientras sus corazones laten lerdamente,
calentando aurorales la felicidad de la jornada.
La noche bastaba. En su absoluta existencia
era el producto de todos los júbilos, y era todo.
La luz era el pucho incandescente en mi labio seco y blanquecino.
El perfume era el chamusco cerebral que asaba mis neuronas.
El aire, el agua y la vida eran el insano rocío alcohólico de mi vaho
reposando las clorofilas incautas de los geranios.
¡¿También quieren lunes:! Qué no jodan!
yo me hago domingos cuando quiero.










 
Tu maestría me golpea con demasiadas imagenes en mi cabeza. No tengo el disco duro para almacenar tanto...:)... pero eres condenadamente bueno, amigo.

Yo me hago domingos, cuando puedo.

Un grandísimo abrazo, mi amigo piratilla.

Bau jajaj..te haces domingos cuando puedes... creo que esa sola frase como comentario es un gran poema...un abrazo.
 
El alba asomándose suena como una puerta de fierro que se abre.
Mi voz, que se oía hasta hace un rato en el fin del mundo,
se silencia ahora con el llanto de unas aves que agonizan ignorándolo.en la brasa de una ardiente hoja esmeralda.
La noche se largó con el último sorbo condensado
Ya no hay de esa alegría baldía compinche del faustino azul.
Desde la sierra vino orondo y lagañoso el día que ahogué en el mar.
Queda la nube opaca de mis ojos,
la pereza del cuerpo apaleado por el frío,
la última patada a la botella vacía.
Los muertos se han dormido y los vivos hacen “jogging”.
Los veo. Pobres seres que aspiran incólumes la sanidad,
respiran el aire que dejan los murciélagos.
Anhelan la sangre pura y los pulmones limpios,
mientras sus corazones laten lerdamente,
calentando aurorales la felicidad de la jornada.
La noche bastaba. En su absoluta existencia
era el producto de todos los júbilos, y era todo.
La luz era el pucho incandescente en mi labio seco y blanquecino.
El perfume era el chamusco cerebral que asaba mis neuronas.
El aire, el agua y la vida eran el insano rocío alcohólico de mi vaho
reposando las clorofilas incautas de los geranios.
¡¿También quieren lunes:! Qué no jodan!
yo me hago domingos cuando quiero.













Con el cariño y respeto a todos los buenos poetas de este portal, quiero decir que la poesía de este fumón es la única con la que identifico de gran manera.
Gracias por estar aquí, drogadicto dominguero!!
Un abrazo!!!
 
La imagen llega perfecta, vislumbrando a los que buscan verse bien, y estar sanos, de los vivos que se ponen sus tenis y corren en busca de absolucion fisica, y uno, sentado, liando, perdiendose en espirales de humo y vahos etìlicos.
Bueno, al menos busco a la naturaleza, me siento en el bosquecito admirandole los hongos.
Besos Capitan!!!!!
 
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