Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Amanecía el mundo con tu nombre en los labios del viento.
Ya la casa huele a pan,
y en el patio canta el gallo
como si no supiera
de las penas que guardamos.
Hay café sobre la mesa
y un silencio que perdona.
Los relojes se detienen
cuando el alma se asoma.
Los domingos no preguntan,
se sientan junto a la pena,
y te traen lo que fuiste
envuelto en una azucena.
Ya la casa huele a pan,
y en el patio canta el gallo
como si no supiera
de las penas que guardamos.
Hay café sobre la mesa
y un silencio que perdona.
Los relojes se detienen
cuando el alma se asoma.
Los domingos no preguntan,
se sientan junto a la pena,
y te traen lo que fuiste
envuelto en una azucena.