IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Cuando el aire sabe a reflexión,
a flagelo indomable,
de tiempo soterrado,
con nuestras costillas, encarnadas
en nuestra sangre,
cuando el cielo no alumbra,
ni las estrellas en las noches,
ni los amores eternos
en las tempranas mañanas,
cuando el poder pierde su equilibrio,
y los horizontes chocan,
como sueños perdidos,
como vidas sentenciadas,
cuando la tristeza no cae,
como lluvia inminente,
cuando cada gota, de interna pesadez,
es de un mundo muy lejano,
cuando no podemos llorar de alegría,
el dolor
es solo una estaca más,
y las horas chocarán entre si,
perdidas en mi muñeca,
en un lugar tan inmenso como frágil,
reflejarán la rapidez de la vida,
la efimeridad de los recuerdos,
que se entremezclan con toda vivencia,
se sentirán los ardores,
de cientos de almas,
de vientos y alarde,
de claustro y desastre,
se contarán las razones,
por siempre perdidas,
en el sendero de su divina infelicidad.
a flagelo indomable,
de tiempo soterrado,
con nuestras costillas, encarnadas
en nuestra sangre,
cuando el cielo no alumbra,
ni las estrellas en las noches,
ni los amores eternos
en las tempranas mañanas,
cuando el poder pierde su equilibrio,
y los horizontes chocan,
como sueños perdidos,
como vidas sentenciadas,
cuando la tristeza no cae,
como lluvia inminente,
cuando cada gota, de interna pesadez,
es de un mundo muy lejano,
cuando no podemos llorar de alegría,
el dolor
es solo una estaca más,
y las horas chocarán entre si,
perdidas en mi muñeca,
en un lugar tan inmenso como frágil,
reflejarán la rapidez de la vida,
la efimeridad de los recuerdos,
que se entremezclan con toda vivencia,
se sentirán los ardores,
de cientos de almas,
de vientos y alarde,
de claustro y desastre,
se contarán las razones,
por siempre perdidas,
en el sendero de su divina infelicidad.