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Poeta fiel al portal
Disturbios de ladrillos lacerados,
que se han desafinado entre sus temblores,
sucumbiendo al filo de la flecha,
hundiéndose en los cardúmenes de los suspiros.
Se preparan los aguijones apuntando,
el fallecer de una mirada premeditada, esperando,
resumiendo en la distancia inocua,
el efervescente anaranjado.
Disturbios a gotas,
se perforan las instancias cual rayos devastadores,
cual efímero despertar de la llama espesa ahogada en la brasa
tocando las fibras del carbón fragmentado.
El encaje de sentimientos en las tuercas
rebeldes del destino desvirtuado, infalible al desenfreno,
a la pregunta acusatoria,
al desafío incrustado en el beso pigmentado.
Disturbios de murmullos trastornados,
presumidos en su eco acuoso,
sensitivos al aroma de la viruta humedecida,
al tormento acumulado en el polvo de muebles viejos.
Sombrillas quebradas, rostros refrigerados a la necedad
de la dureza, simulando la belleza muda;
parpadeando inmóvil el silencio,
el golpe seco de la mancha en el suelo.
Disturbios de pensamientos pregonados,
retorcidos en la sombra de la cuerda anudada,
pedazos de uña , puertas vencidas,
sabores marchitos, jueces directos… Ladrillos.
Ladrillos
perdiéndose en los disturbios ligeros
de un predecir sin sedimento,
escombros, boronas…
El polvo de muebles viejos.
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