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Dientes de escalera

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
auditoria-seo-lighthouse.jpg



Nunca había subido unas escaleras

porque en el lugar de donde procedía

no se precisaban,

las viviendas tenían sólo una planta

y no se levantaban torres que exigieran

alguna manera audaz para llegar a lo más alto.

El terreno ilimitado y plano

como lomo de serpiente

se extendía cultivado de trigos y viñedos,

un río perezoso y discreto

regaba sin interés huertas

de las que se abastecía la población entera,

rebaños de vacas y ovejas

pastaban a sus anchas sin cercas

que limitaran sus caprichos culinarios.


Lejos de cualquier sitio

hombres y mujeres vivían

sin enemigos y sin miedo.

Nadie quería apoderarse

de esa soledad de ermita y camposanto

con tanto espacio para morir en calma.


Varios años seguidos de sequía

hicieron sin embargo adelgazar al río

incapaz de mantener las huertas

que proveían de alimento al hombre

y su familia.


Con las razones del hambre

prendidas con alfileres

marcharon

adonde ya la vista no llegaba

a dibujar el horizonte.

Les recibió la ciudad

Un gran muro de ladrillo y cemento,

un mar de espumas y de cambios.

Todos allí vivían

del grito constante de las olas

y de esos moradores agitados de sus fondos.


En un promontorio cercano

un faro irradiaba una luz

de alcoba sin ventanas.

Nada parecía existir al otro lado.

El hombre con esa ansia de lo nuevo

subió las escaleras,

eran los dientes

de un gran árbol de metal hambriento

con la necesidad

de morder las nubes aún sin lágrimas.
 
Un poeta cantor nuestro, al irse de su lar para otras tierras (y más que tierras, calles, escaleras y ventanas) lo cantó de esta manera:

Sabana...
Se me aprieta el corazón
no ver más tu amanecer;
ni al cimarrón, ni la mata,
ni la garza que levanta...
Con el cabresto te dejo
amarrados mis amores,
gota a gota que te cuente
mis penas el tinajero.

Está muy sentido, muy hermoso, su relato en versos, compañero.
 
Un poeta cantor nuestro, al irse de su lar para otras tierras (y más que tierras, calles, escaleras y ventanas) lo cantó de esta manera:

Sabana...
Se me aprieta el corazón
no ver más tu amanecer;
ni al cimarrón, ni la mata,
ni la garza que levanta...
Con el cabresto te dejo
amarrados mis amores,
gota a gota que te cuente
mis penas el tinajero.

Está muy sentido, muy hermoso, su relato en versos, compañero.
Gracias por tu comentario alusivo a otro poeta, me gustaría saber de quién se trata.
Me alegra mucho que te gustara. Un saludo cordial.
 
Lejos de cualquier sitio

hombres y mujeres vivían

sin enemigos y sin miedo.

Que vida tan ideal y que tan lejos estamos de ella. Si algo abunda en estos días es el miedo. La incertidumbre causa pánico y las cosas tan simples como un dolor de cabeza o estornudo ahora nos hace perder la cabeza e imaginar todo tipo de desastres. ¿Quién no anhela esos días de calma, si en realidad algún tiempo existieron? Los enemigos abundan por la codicia del ser humano. He leído casos donde se mata a un chico solo por quitarle los tenis de marca. ¿Tan poco vale una vida? el precio de unos tenis al igual que un teléfono celular da lo mismo para la maldad no importa el objeto. Me gusta cuando escribes así, cuando me haces pensar y divagar en sentimientos e ideas que me tomarían todo tu espacio para compartir pero me limito a estos pensamientos.

Gracias por exisitir, gracias por ser lo que eres y lo que soy por medio de ti amado José María.

Besos desde los pétalos de una margarita que dice "sí me quiere"



 
Que vida tan ideal y que tan lejos estamos de ella. Si algo abunda en estos días es el miedo. La incertidumbre causa pánico y las cosas tan simples como un dolor de cabeza o estornudo ahora nos hace perder la cabeza e imaginar todo tipo de desastres. ¿Quién no anhela esos días de calma, si en realidad algún tiempo existieron? Los enemigos abundan por la codicia del ser humano. He leído casos donde se mata a un chico solo por quitarle los tenis de marca. ¿Tan poco vale una vida? el precio de unos tenis al igual que un teléfono celular da lo mismo para la maldad no importa el objeto. Me gusta cuando escribes así, cuando me haces pensar y divagar en sentimientos e ideas que me tomarían todo tu espacio para compartir pero me limito a estos pensamientos.

Gracias por exisitir, gracias por ser lo que eres y lo que soy por medio de ti amado José María.

Besos desde los pétalos de una margarita que dice "sí me quiere"


Creo que los pétalos del no se han borrado de un plumazo.
Desgraciadamente el enemigo siempre ha existido, muchas veces lo es uno mismo. Y la felicidad que creemos a lo lejos, con esa necesidad de subir para encontrarla se nos escapa muchas veces de las manos.
Gracias a tí Guadalupe por estar y ser tan cerca, tan sorprendentemente cerca de mi.
Besos enraizados y profundos y siempre más.
 
auditoria-seo-lighthouse.jpg



Nunca había subido unas escaleras

porque en el lugar de donde procedía

no se precisaban,

las viviendas tenían sólo una planta

y no se levantaban torres que exigieran

alguna manera audaz para llegar a lo más alto.

El terreno ilimitado y plano

como lomo de serpiente

se extendía cultivado de trigos y viñedos,

un río perezoso y discreto

regaba sin interés huertas

de las que se abastecía la población entera,

rebaños de vacas y ovejas

pastaban a sus anchas sin cercas

que limitaran sus caprichos culinarios.


Lejos de cualquier sitio

hombres y mujeres vivían

sin enemigos y sin miedo.

Nadie quería apoderarse

de esa soledad de ermita y camposanto

con tanto espacio para morir en calma.


Varios años seguidos de sequía

hicieron sin embargo adelgazar al río

incapaz de mantener las huertas

que proveían de alimento al hombre

y su familia.


Con las razones del hambre

prendidas con alfileres

marcharon

adonde ya la vista no llegaba

a dibujar el horizonte.

Les recibió la ciudad

Un gran muro de ladrillo y cemento,

un mar de espumas y de cambios.

Todos allí vivían

del grito constante de las olas

y de esos moradores agitados de sus fondos.


En un promontorio cercano

un faro irradiaba una luz

de alcoba sin ventanas.

Nada parecía existir al otro lado.

El hombre con esa ansia de lo nuevo

subió las escaleras,

eran los dientes

de un gran árbol de metal hambriento

con la necesidad

de morder las nubes aún sin lágrimas.
Me pareció excelente tu poema. Una migración que trae sus recuerdos, sus emociones y lo que se quedó atrás con un futuro comprometedor e incierto.

Un saludo, Chema, y encantado de leerte.
 
Me pareció excelente tu poema. Una migración que trae sus recuerdos, sus emociones y lo que se quedó atrás con un futuro comprometedor e incierto.

Un saludo, Chema, y encantado de leerte.
El cambio es una constancia que uno no puede evitar y llena de incertidumbre la subida. Todos tenemos miedo a caer pero debemos avanzar aunque sea de noche y nadie nos guie.
Gracias y saludos.
 
Creo que los pétalos del no se han borrado de un plumazo.
Desgraciadamente el enemigo siempre ha existido, muchas veces lo es uno mismo. Y la felicidad que creemos a lo lejos, con esa necesidad de subir para encontrarla se nos escapa muchas veces de las manos.
Gracias a tí Guadalupe por estar y ser tan cerca, tan sorprendentemente cerca de mi.
Besos enraizados y profundos y siempre más.

Aquí estaré siempre que quieras que esté. Muy cierto yo tengo una gran enemiga y se llama Guadalupe Cisneros Villa y entre más intento vencerla mucha más se hace fuerte...Pero veamos de esta manera ¿es en realidad la felicidad que se nos escapó? podemos pensar que es la vida cuidando que no metamos la pata, porque si era realmente felicidad se hubiera quedado a pesar de la circunstancias...

Besos desde mis raíces hasta tu sauce que sacia mi sed...
 
Aquí estaré siempre que quieras que esté. Muy cierto yo tengo una gran enemiga y se llama Guadalupe Cisneros Villa y entre más intento vencerla mucha más se hace fuerte...Pero veamos de esta manera ¿es en realidad la felicidad que se nos escapó? podemos pensar que es la vida cuidando que no metamos la pata, porque si era realmente felicidad se hubiera quedado a pesar de la circunstancias...

Besos desde mis raíces hasta tu sauce que sacia mi sed...
La felicidad que se escapa quizás no lo fuera, sus raíces no serían lo suficientemente profundas y su alimento no sería del todo de nuestro agrado.
Besos y más.
 
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