Acarician paisajes de miel la curvatura del rescate musical;
la firma del nuevo día en graffiti amarillo,
cimiento del sol de abstracción interminable.
Revolución onírica de los parques
Estrenar la ciudad que vino a nacer de un huevo.
Pensión de peluche entre besos de las colmenas,
en la periferia de la escarcha de fresa.
Corazón consentido, caminar desgarbado con el cementerio en el bolsillo.
Plastificar los estandartes de mi agenda,
organizar mi corazón en el tráfico,
proyecto que le da por llorar entre éter de orejas.
Adaptarse por los suelos al parpadeo de paseos celestes,
a la piel gris de los últimos muelles,
donde termina la senda del zorro veloz.
Ambiente como faro entre los dedos
Luz de tabernas por las venas astrales.
Agitar la memoria en cócteles de payasos;
en las copas empañadas de océanos industriales.
Alcaloide estimulante de pétalos negros,
relámpago del pulso sin medida
que arrebata la espina de una lágrima de sombra
en el maquillaje de niebla.
la firma del nuevo día en graffiti amarillo,
cimiento del sol de abstracción interminable.
Revolución onírica de los parques
Estrenar la ciudad que vino a nacer de un huevo.
Pensión de peluche entre besos de las colmenas,
en la periferia de la escarcha de fresa.
Corazón consentido, caminar desgarbado con el cementerio en el bolsillo.
Plastificar los estandartes de mi agenda,
organizar mi corazón en el tráfico,
proyecto que le da por llorar entre éter de orejas.
Adaptarse por los suelos al parpadeo de paseos celestes,
a la piel gris de los últimos muelles,
donde termina la senda del zorro veloz.
Ambiente como faro entre los dedos
Luz de tabernas por las venas astrales.
Agitar la memoria en cócteles de payasos;
en las copas empañadas de océanos industriales.
Alcaloide estimulante de pétalos negros,
relámpago del pulso sin medida
que arrebata la espina de una lágrima de sombra
en el maquillaje de niebla.