José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando la historia espanta con monstruos
late la espina
¿tendrán un plan?,
quiero evitar ser obsesivo.
Las manías no te nominan bien,
te deja impresentable.
Los nombres mueren y resucitan
pero no son confiables.
Retornan la palabra dictadura.
Irreconocible viene de no sé
qué secretos de estado.
En no sé qué estados de gracia.
Con no sé qué distorsiones.
Nosotros historiados,
alejados de interrogantes puros.
con interrogantes vacuos azotados,
de preguntas acumulados
ya no cabemos en el espejo…
ni en un país entramos.
¿Por qué nos ponen en un lugar
y luego nos sacan y nos devuelven un todo
y nos bautizan únicos?
Y vuelve a pasar en un dos por tres
la ausencia de uno en el nombre.
¿Por qué se disocian dictus, dictar,
dictamen y dictadura?
¿Cuando el nombre muda su esencia
y peregrina en deíctico
el dictador eres tú, el padre de familia, el maestro?
El dictador pierde los rasgos del rol,
las ecuaciones lo hacen omnipresente
en nuestros miedos.
Vagabundea equivalente a opositor, a egoísta,
a egocéntrico, a opinión, a irreverente, a indeciso.
¿Todos cometemos el mismo crimen?
¿A diario somos dictadores?
La reserva, luego para dinamitar
nombra la implosión controlada.
¿Agradecemos esta renovación
de los mapas en la palabra
cuando los tiranos se vaporizan
en el sepulcro de ciudades?
¿Son dictadores los invisibles hijos del fuego?
¿Por qué al ser dicho o declarado por un régimen
quedó sin nombre?
¿Dónde llevaron su hogar, su cuerpo, su nombre?
¿Son batallas con diccionarios de destrucción masiva?
José Luis Galarza (Santa Fe, Argentina: 2019)
late la espina
¿tendrán un plan?,
quiero evitar ser obsesivo.
Las manías no te nominan bien,
te deja impresentable.
Los nombres mueren y resucitan
pero no son confiables.
Retornan la palabra dictadura.
Irreconocible viene de no sé
qué secretos de estado.
En no sé qué estados de gracia.
Con no sé qué distorsiones.
Nosotros historiados,
alejados de interrogantes puros.
con interrogantes vacuos azotados,
de preguntas acumulados
ya no cabemos en el espejo…
ni en un país entramos.
¿Por qué nos ponen en un lugar
y luego nos sacan y nos devuelven un todo
y nos bautizan únicos?
Y vuelve a pasar en un dos por tres
la ausencia de uno en el nombre.
¿Por qué se disocian dictus, dictar,
dictamen y dictadura?
¿Cuando el nombre muda su esencia
y peregrina en deíctico
el dictador eres tú, el padre de familia, el maestro?
El dictador pierde los rasgos del rol,
las ecuaciones lo hacen omnipresente
en nuestros miedos.
Vagabundea equivalente a opositor, a egoísta,
a egocéntrico, a opinión, a irreverente, a indeciso.
¿Todos cometemos el mismo crimen?
¿A diario somos dictadores?
La reserva, luego para dinamitar
nombra la implosión controlada.
¿Agradecemos esta renovación
de los mapas en la palabra
cuando los tiranos se vaporizan
en el sepulcro de ciudades?
¿Son dictadores los invisibles hijos del fuego?
¿Por qué al ser dicho o declarado por un régimen
quedó sin nombre?
¿Dónde llevaron su hogar, su cuerpo, su nombre?
¿Son batallas con diccionarios de destrucción masiva?
José Luis Galarza (Santa Fe, Argentina: 2019)
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