Darkshade
Poeta adicto al portal
Hoy el día se hizo Luna bajo tu mirada,
sobre mis brazos.
Sonreía Hécate… Para no ser más que una niña juguetona
entre acicaladas nubes y su amo.
Reventó los dominios, sin pudor alguno, del Sol;
irrespetando horas, detalles, falsas leyes inmutables…
Y los ajenos sentidos,
nauseabundos,
que condenan su salida a las dos de la tarde…
el infierno afila tus colmillos,
me has sisado el corazón, atormentaste
mi cuello y hoy… declinamos ante las llamas
Dime, Luna ¿se podrán opacar los espejismos?
¡Cuán obscura tengo la médula espinal!
Y ésta, garganta mía, de tanto llorarte, Luna…
Luna… Por no caer en inmensidad…
Por no matar.
Que me ahogo mientras camino
Que me desdibujo cuando ella ríe
Que me pierdo dentro del aire, cual insignificante
Que me encuentro como infante macilento
¡Que no quiero ya más súplicas!
¿Cómo te lo digo? ¿Cómo, si te miento?
Hoy el día se hizo bajo tu mirada, Luna,
sobre mis brazos.
Sonreía Hécate al enterarse que por fin nos encontramos.
sobre mis brazos.
Sonreía Hécate… Para no ser más que una niña juguetona
entre acicaladas nubes y su amo.
Reventó los dominios, sin pudor alguno, del Sol;
irrespetando horas, detalles, falsas leyes inmutables…
Y los ajenos sentidos,
nauseabundos,
que condenan su salida a las dos de la tarde…
De los mares nace tu gracia y ese ímpetu bochornoso
que corretea con mi espectro
durante madrugadas de insomnio;
el infierno afila tus colmillos,
me has sisado el corazón, atormentaste
mi cuello y hoy… declinamos ante las llamas
¡Océano dantesco!
Ocupan mis reyes tus tres cabezas,
marcan también sus delirios…
Dime, Luna ¿se podrán opacar los espejismos?
¡Cuán obscura tengo la médula espinal!
Y ésta, garganta mía, de tanto llorarte, Luna…
Luna… Por no caer en inmensidad…
Por no matar.
¡Ata mis dominios a tu vientre!
Que me ahogo mientras camino
Que me desdibujo cuando ella ríe
Que me pierdo dentro del aire, cual insignificante
Que me encuentro como infante macilento
¡Que no quiero ya más súplicas!
¿Cómo te lo digo? ¿Cómo, si te miento?
No entre letras, no… entre supuestos que se alejan,
desviando ojos estos a la banca, a los cuentos, a las macetas…
¡Incluso a la filosofía! Que, últimamente, tanto me quema.
Hoy el día se hizo bajo tu mirada, Luna,
sobre mis brazos.
Sonreía Hécate al enterarse que por fin nos encontramos.
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