Tomás M. Plaza
Poeta recién llegado
[center:c77ac56005]DIA CATORCE
Del autoreconocimiento
Presa soy de iniquidad y de deseos profundos,
tras la cortina impenetrable donde se esconden mis
demonios insatisfechos se encuentra el hombre
que se duele y que en momentos extáticos
encuentra el descanso de la no soledad,
de la no moralidad, del no puritanismo,
porque se reconoce perturbable, corrompible y débil,
porque se sabe polvo
e ignorado tras la máscara inescrutable
que presenta ante inquietos devoradores.
Me he encontrado inscrito en el libro perpetuo
del castigo y del tormento,
trascrito indecorosamente en piedras sin nombre,
en la frente de los indecentes,
en el tronco del árbol seco
y en todo lo creado por la no divinidad.
Tengo, la mayoría de las veces, que cargar conmigo
y con los estigmas que no por gusto he alimentado,
cuando sobrevienen las sombras,
también se oscurece el corazón
y se esfuman mis ganas de aplaudirle al amanecer,
o de llorarle a mis muertos
y a mis vivos.
Se me evapora la sangre por los ojos,
por los poros, se escapa,
me queda mucho por delirar,
y mis inquisidores lo saben.
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Del autoreconocimiento
Presa soy de iniquidad y de deseos profundos,
tras la cortina impenetrable donde se esconden mis
demonios insatisfechos se encuentra el hombre
que se duele y que en momentos extáticos
encuentra el descanso de la no soledad,
de la no moralidad, del no puritanismo,
porque se reconoce perturbable, corrompible y débil,
porque se sabe polvo
e ignorado tras la máscara inescrutable
que presenta ante inquietos devoradores.
Me he encontrado inscrito en el libro perpetuo
del castigo y del tormento,
trascrito indecorosamente en piedras sin nombre,
en la frente de los indecentes,
en el tronco del árbol seco
y en todo lo creado por la no divinidad.
Tengo, la mayoría de las veces, que cargar conmigo
y con los estigmas que no por gusto he alimentado,
cuando sobrevienen las sombras,
también se oscurece el corazón
y se esfuman mis ganas de aplaudirle al amanecer,
o de llorarle a mis muertos
y a mis vivos.
Se me evapora la sangre por los ojos,
por los poros, se escapa,
me queda mucho por delirar,
y mis inquisidores lo saben.
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