abcd
Poeta adicto al portal
Cada mirada tuya y mía, está ciega, rota, gris;
cada gesto es esclavo del siguiente,
como un odio y amor que se repite en el viento
que va, que viene, que es un yugo en la conciencia
y es un ánimo leve, pero es nuestro. Puta tiniebla.
Hay un castigo menos atento, del dulce llanto,
que es una sirena en la memoria que suena y suena
mientras te vas con un ciervo, y yo me quedo con un sueño, y un perro,
y nos lanzamos piedras, porque somos de piedra
y nos compadecemos del agua que nos separa y le damos sapitos
y una moraleja estúpida de que en la tristeza se ve todo alegre si no hay heridas visibles.
Voy a tener un hijo de savia y un pez de papel que odie el agua,
voy a huir en el camión de la basura,
tal vez me muerda una rata o me corte con algo infectado
y sea sentenciado a vivir pobre de playas, de sucesos pintorescos.
Esto de ser autodestruible puede salvar cualquier enojo.
Cada mirada tuya y mía es con un poco de piedad,
como si la condena sufra del despojo ajeno
y nos hace repetir lo que fuimos para ser lo que no seremos.
Hay una suerte benigna que se nos acerca por la espalda,
quiero creer en eso, quiero creer que ya no amas los cuchillos escondidos.
Es duro no saber que es lo perpetuo, lo real, lo inestable,
lo que me invento, lo que sucede puertas adentro o lo que oyen los vecinos,
es duro intentar que la voz tape la naturaleza del silencio con la palabra adecuada
y bajo el tornasol, o el oro que es tu aliento, surja una bella respuesta:
- Hoy si, hoy muero yo.
cada gesto es esclavo del siguiente,
como un odio y amor que se repite en el viento
que va, que viene, que es un yugo en la conciencia
y es un ánimo leve, pero es nuestro. Puta tiniebla.
Hay un castigo menos atento, del dulce llanto,
que es una sirena en la memoria que suena y suena
mientras te vas con un ciervo, y yo me quedo con un sueño, y un perro,
y nos lanzamos piedras, porque somos de piedra
y nos compadecemos del agua que nos separa y le damos sapitos
y una moraleja estúpida de que en la tristeza se ve todo alegre si no hay heridas visibles.
Voy a tener un hijo de savia y un pez de papel que odie el agua,
voy a huir en el camión de la basura,
tal vez me muerda una rata o me corte con algo infectado
y sea sentenciado a vivir pobre de playas, de sucesos pintorescos.
Esto de ser autodestruible puede salvar cualquier enojo.
Cada mirada tuya y mía es con un poco de piedad,
como si la condena sufra del despojo ajeno
y nos hace repetir lo que fuimos para ser lo que no seremos.
Hay una suerte benigna que se nos acerca por la espalda,
quiero creer en eso, quiero creer que ya no amas los cuchillos escondidos.
Es duro no saber que es lo perpetuo, lo real, lo inestable,
lo que me invento, lo que sucede puertas adentro o lo que oyen los vecinos,
es duro intentar que la voz tape la naturaleza del silencio con la palabra adecuada
y bajo el tornasol, o el oro que es tu aliento, surja una bella respuesta:
- Hoy si, hoy muero yo.