Un doble estado de la conciencia. Estar en un primer instante atraído por un iman de sueños. Sería ese denominado RITMO MONÓTONO que se rompe para alcanzar el pensamiento pleno.
DIA QUE MUERE Y LEVITA ENTRE SUSPIROS
RITMO MONOTONO
Desciendo al jardín de los sollozos, me derramo
y pierdo el baile de los péndulos abrazados;
levantar la mirada para alcanzar viendo
ese cielo de vigas de labios sabios, resecos
y aviscerados por una piedad de vida implorada.
Recorro el extenso bosque de veleros
ellos me acogen en su pesado silencio
para que sueñe en hondos flujos callados.
Allí alcanzo el carro de una voz de suicidio,
viene en sueños yugados de soles endiosados.
Un rosa vieja barniza de soplos mi cabeza
que se bloquea en un pesado halo de dolor,
extendido como una brasa tiznada de rubí,
para fundir la impoluta loza de los deseos.
Es como una herida que se abre en lenguas
lamiendo el mármol del fondo de una losa
ya rota por etéreos mechones de hierba fresca.
Un grito fluido invade mi inofensiva nariz
que se llena de palabras malignas; hablan
de muertes cobardes, dirigidas e inocentes
lejos se pierde mi memoria de venganza.
Abajo en aquel camino de árboles de vida
desaparezco por rizos de hojas silenciosas
mientras las ramas se izan al cielo y enteras
atrapan las incoherentes nubes violáceas.
Todo es un centro de seducción desértica,
frío entre raudales acuosos de colores desviados
donde se refleja la brizna húmeda de la luz helada
que cubre al día que muere y levita entre suspiros.
PIENSO AHORA
El tiempo sabe lo que significa el instinto;
tu olor de piel en mi ropa de predicciones,
me persiguen tus velas y vienen con aves
que lloran su amor sepultándome en huecos.
Igual que una hermosa luz, fluyes en flor
entre los resquicios de las llamas nocturnas.
Me diste el pañuelo de seda, tenía tu gesto.
* * * * * * *
luzyabsenta
DIA QUE MUERE Y LEVITA ENTRE SUSPIROS
RITMO MONOTONO
Desciendo al jardín de los sollozos, me derramo
y pierdo el baile de los péndulos abrazados;
levantar la mirada para alcanzar viendo
ese cielo de vigas de labios sabios, resecos
y aviscerados por una piedad de vida implorada.
Recorro el extenso bosque de veleros
ellos me acogen en su pesado silencio
para que sueñe en hondos flujos callados.
Allí alcanzo el carro de una voz de suicidio,
viene en sueños yugados de soles endiosados.
Un rosa vieja barniza de soplos mi cabeza
que se bloquea en un pesado halo de dolor,
extendido como una brasa tiznada de rubí,
para fundir la impoluta loza de los deseos.
Es como una herida que se abre en lenguas
lamiendo el mármol del fondo de una losa
ya rota por etéreos mechones de hierba fresca.
Un grito fluido invade mi inofensiva nariz
que se llena de palabras malignas; hablan
de muertes cobardes, dirigidas e inocentes
lejos se pierde mi memoria de venganza.
Abajo en aquel camino de árboles de vida
desaparezco por rizos de hojas silenciosas
mientras las ramas se izan al cielo y enteras
atrapan las incoherentes nubes violáceas.
Todo es un centro de seducción desértica,
frío entre raudales acuosos de colores desviados
donde se refleja la brizna húmeda de la luz helada
que cubre al día que muere y levita entre suspiros.
PIENSO AHORA
El tiempo sabe lo que significa el instinto;
tu olor de piel en mi ropa de predicciones,
me persiguen tus velas y vienen con aves
que lloran su amor sepultándome en huecos.
Igual que una hermosa luz, fluyes en flor
entre los resquicios de las llamas nocturnas.
Me diste el pañuelo de seda, tenía tu gesto.
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