HUGO OTERO
Poeta recién llegado
Como el árbol que en otoño se deshoja
afrontando desnudo cada invierno
del diario de mi vida cada hoja
fue cayendo y desnudando cada sueño.
Vivir, se me antojó un tormento
sabiendo que mis sueños no existían
y mis versos consolarme no podían
naufragaron mis poemas en la nada
y en la nada conviví junto con ellos.
Esta circunstancia desdichada
a mí poeta, me privó de lo más bello.
Mi alma desvalida extravió sus ojos
y ciega navegó en el espanto
como una barcaza colmada con despojos,
de lamentos de penas y de llanto.
Así, en la penumbra sin bonanza,
surqué las horas amargas de la vida
en pos de un faro destellante de esperanza
o del titilante fulgor, de una estrella conocida.
En la alborada emergieron las costas anheladas
arenas de sueños retornaron a mis días
y ésta, mi pobre alma desahuciada
renació al igual que la poesía.
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afrontando desnudo cada invierno
del diario de mi vida cada hoja
fue cayendo y desnudando cada sueño.
Vivir, se me antojó un tormento
sabiendo que mis sueños no existían
y mis versos consolarme no podían
naufragaron mis poemas en la nada
y en la nada conviví junto con ellos.
Esta circunstancia desdichada
a mí poeta, me privó de lo más bello.
Mi alma desvalida extravió sus ojos
y ciega navegó en el espanto
como una barcaza colmada con despojos,
de lamentos de penas y de llanto.
Así, en la penumbra sin bonanza,
surqué las horas amargas de la vida
en pos de un faro destellante de esperanza
o del titilante fulgor, de una estrella conocida.
En la alborada emergieron las costas anheladas
arenas de sueños retornaron a mis días
y ésta, mi pobre alma desahuciada
renació al igual que la poesía.
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