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Desconocedores

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Nombrados mis errores,

horrores de terca voluntad,

se dispersan, como tumulto sentenciado,

entre fieros astros,
las negruras de todo caos
nutren las desdichas
de presentes atascados,

anclado su tiempo
al latir de muertos vientos,

despierta la eternidad,

de tanto aguardar,
sus brotes, botulínicos,
son veneno para pobres agraciados,

fluirá la miseria
donde el cielo se ha caído,

porque cauces serán
sangre de ángeles y demonios,

dioses observarán,
como sus circunstancias
caen ante la disparidad enfermiza
que esconde toda acción humana,

serenidades trae la certeza,

de nunca sabernos conocedores

ni de nuestros propios pasos.








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Nombrados mis errores,

horrores de terca voluntad,

se dispersan, como tumulto sentenciado,

entre fieros astros,
las negruras de todo caos
nutren las desdichas
de presentes atascados,

anclado su tiempo
al latir de muertos vientos,

despierta la eternidad,

de tanto aguardar,
sus brotes, botulínicos,
son veneno para pobres agraciados,

fluirá la miseria
donde el cielo se ha caído,

porque cauces serán
sangre de ángeles y demonios,

dioses observarán,
como sus circunstancias
caen ante la disparidad enfermiza
que esconde toda acción humana,

serenidades trae la certeza,

de nunca sabernos conocedores

ni de nuestros propios pasos.








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Me ha gustado esta crítica a la indiferencia ante la tragedia humana.

Saludos IgnotaIlusión
 
El poema es una meditación profunda sobre la fragilidad humana frente al caos del universo y las consecuencias de nuestras propias decisiones. Los errores, nombrados y expuestos, se convierten en fuerzas desencadenantes de destrucción y transformación. En medio del colapso de lo divino, lo natural y lo humano, surge una amarga revelación: la certeza de nuestra ignorancia. Así, la verdadera serenidad no nace del control, sino de aceptar que ni siquiera conocemos plenamente nuestros propios pasos. Es en esa aceptación donde quizá habita la única forma de sabiduría posible.

Saludos cordiales
 
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