Soñé que soñaba un sueño
Y en el sueño se me aparecía
Un gran caballo negro
Que ojos como el averno tenía.
En el fondo de esos ojos,
Espejos de rojo ahumado,
Se reflejaba el cuerpo
De un escorpión plateado
Que alzaba su cola al aire,
Queriendo atravesar el espacio
Con su aguijón lleno
De veneno ácido.
De entre las crines salvajes,
Se elevó un pájaro de alas de acero
Acompañado por canto de fuego,
Que cada vez que abría su pico
Se respiraba azufre,
Mientras gritaba, con voz extraña:
“Todo se hunde; salva tu alma”.
Era tan extraña la situación
Con aquellos pesadillescos animales
Que estremecían la piel,
Que imaginados o no,
Sólo hacían que desearas huir,
Pero que clavado con alfileres al suelo,
Esperabas su siguiente movimiento
Mientras se te erizaban los cabellos.
El caballo lentamente se arrodilló;
Echado sobre el suelo,
Fijamente me miró.
De su pelaje de carbón se alzaron
Mil mariposas de color pálido,
Que danzaron
Alrededor del pájaro fatalista,
Mientras éste tomaba al escorpión
Con una de sus patas
Y lo arrojaba a un círculo de tiza.
El escorpión, con sus pinzas
En el suelo húmedo
Un mensaje escribió:
“Olvida.
Los recuerdos puede ser más mortales
Que veneno circulando por tu sangre”.
Al leer todo esto,
El hechizo se deshizo.
Y desperté,
Pero recordando
Lo que en el sueño
Me encontré
Que como una guía
En el futuro me daría
Qué pensar y tal vez,
Una faceta de la vida,
Comprender y apreciar.
Y en el sueño se me aparecía
Un gran caballo negro
Que ojos como el averno tenía.
En el fondo de esos ojos,
Espejos de rojo ahumado,
Se reflejaba el cuerpo
De un escorpión plateado
Que alzaba su cola al aire,
Queriendo atravesar el espacio
Con su aguijón lleno
De veneno ácido.
De entre las crines salvajes,
Se elevó un pájaro de alas de acero
Acompañado por canto de fuego,
Que cada vez que abría su pico
Se respiraba azufre,
Mientras gritaba, con voz extraña:
“Todo se hunde; salva tu alma”.
Era tan extraña la situación
Con aquellos pesadillescos animales
Que estremecían la piel,
Que imaginados o no,
Sólo hacían que desearas huir,
Pero que clavado con alfileres al suelo,
Esperabas su siguiente movimiento
Mientras se te erizaban los cabellos.
El caballo lentamente se arrodilló;
Echado sobre el suelo,
Fijamente me miró.
De su pelaje de carbón se alzaron
Mil mariposas de color pálido,
Que danzaron
Alrededor del pájaro fatalista,
Mientras éste tomaba al escorpión
Con una de sus patas
Y lo arrojaba a un círculo de tiza.
El escorpión, con sus pinzas
En el suelo húmedo
Un mensaje escribió:
“Olvida.
Los recuerdos puede ser más mortales
Que veneno circulando por tu sangre”.
Al leer todo esto,
El hechizo se deshizo.
Y desperté,
Pero recordando
Lo que en el sueño
Me encontré
Que como una guía
En el futuro me daría
Qué pensar y tal vez,
Una faceta de la vida,
Comprender y apreciar.