Delirios
Rumores espesos, rumores de vientos capturados quedaron en la casa anciana. Sus paredes grises, todo el mobiliario, varias telarañas.
Hacía algún tiempo ya nadie vivía donde alguna vez florecieran esas risas claras. Todos se fueron yendo, buscando el río manso y las manos con sus tibias alas, que rozaban los jazmines, que rozaban las aguas.
De aquellos murmullos, que rondaran los muros espesos, ninguno se acordaba. Mantos de polvo, bruma, resecas caravanas, sepultaron convenientemente las voces lejanas.
Ellos se lanzaron a recorrer un mundo que les parecía escasamente inhóspito, respecto del ahogo y la asfixia que les provocara la seca morada.
Fue entonces que quienes apenas salían de ese solar adornado con macetas albas, se eyectaron a un lugar que se les antojaba extraño, colorido de envidias, de muerte, de cortas alegrías, de competencias vanas.
Cambiaron un delirio por otro, un coto de caza pequeño, por la estática selva dibujada en el asfalto blando, transpirando calor agobiante aquí, en Buenos Aires, aquella mañana.
Rumores espesos, rumores de vientos capturados quedaron en la casa anciana. Sus paredes grises, todo el mobiliario, varias telarañas.
Hacía algún tiempo ya nadie vivía donde alguna vez florecieran esas risas claras. Todos se fueron yendo, buscando el río manso y las manos con sus tibias alas, que rozaban los jazmines, que rozaban las aguas.
De aquellos murmullos, que rondaran los muros espesos, ninguno se acordaba. Mantos de polvo, bruma, resecas caravanas, sepultaron convenientemente las voces lejanas.
Ellos se lanzaron a recorrer un mundo que les parecía escasamente inhóspito, respecto del ahogo y la asfixia que les provocara la seca morada.
Fue entonces que quienes apenas salían de ese solar adornado con macetas albas, se eyectaron a un lugar que se les antojaba extraño, colorido de envidias, de muerte, de cortas alegrías, de competencias vanas.
Cambiaron un delirio por otro, un coto de caza pequeño, por la estática selva dibujada en el asfalto blando, transpirando calor agobiante aquí, en Buenos Aires, aquella mañana.