Füre
Poeta recién llegado
Del mediocre y el no-mediocre
¿Cómo combatir la mediocridad?
¿Hay algo más importante que diferenciarse del resto?
La paternidad, la amistad, el éxito profesional...
son cosas sobre-valoradas por el hombre.
Teniendo en cuenta la efímera existencia a la que hemos sido arrojados
sin ninguna posibilidad de elección, dejar una huella,
por nimia que sea, en la historia de la humanidad es,
quizá, el mayor logro al que toda persona podría aspirar;
y el logro perfecto es que dicha huella
constancia de nuestro paso por el mundo
sea única, o al menos que destaque en relación con nuestros contemporáneos.
La ambición es uno de los pilares fundamentales en el hombre
que rehuye la mediocridad, pero más fundamental aún es la voluntad.
Es cierto que la ambición, según en qué caso, es anterior a la voluntad.
Sin embargo, sin esta última virtud, la ambición
queda reducida a sueños inconsistentes, caducos;
condenados a ser reprimidos por demonios
tan devastadores como la pereza o la cobardía, y lo que es peor todavía,
destinados a atormentar al portador de dichas quimeras.
Es inevitable no ejercer una división en la raza humana que separe,
por un lado, a la persona ordinaria, y por otro, a la extraordinaria.
Demás está decir que este punto ha sido expuesto,
de diversas maneras, con frecuencia anteriormente;
ahora, analicemos brevemente el hecho de plantearse esta cuestión.
Una persona mediocre entiéndase como ordinaria,
sin virtudes o, incluso, defectos o vicios sobresalientes
¿analizaría este dilema?
¿bajo qué perspectiva, en caso de que lo hiciera, abordaría el tema?
¿como un mediocre consciente de su mediocridad?
En lo que se refiere a esta última pregunta, mi respuesta sería: no.
Me explico, bajo mi punto de vista, existen tres clases de personas:
el mediocre nato, el mediocre innato y la persona no-mediocre o extraordinaria.
El mediocre nato es aquel que jamás será consciente de su propia mediocridad,
y que se considerará como un igual a los de su alrededor;
es más, considerará que es de suma necesidad ser igual que su entorno,
aborreciendo todo aquello que desentone con lo que él cree común.
Es frecuente también que el mediocre nato,
lejos de ver su incapacidad por sobresalir,
tenga un actitud de superioridad sobre lo que traspasa su círculo de ideas habituales,
o, aún más frecuente, una actitud despectiva hacia lo que le inspira incomprensión.
Por otro lado, está el mediocre innato,
esta persona es aquella que teniendo la posibilidad
de sobresalir o escapar a la mediocridad que a otros ha sido impuesta
desde su llegada al mundo, ha caído por diversos infortunios en dicha ordinariez.
Esto es, mediante los demonios antes mencionados,
o por desgracias del azar que han desviado su voluntad a empresas vulgares y,
por consiguiente, han minado su ambición,
se han visto envueltas por esta pérfida red que ha oprimido su capacidad extraordinaria.
Lejos de la ignorante felicidad que abraza al mediocre nato,
el mediocre innato estará atormentado
al ser consciente de haberse quedado a medio camino
de escapar de lo ordinario y de no gozar de la despreocupación
que disfruta el mediocre absoluto. Por último,
tenemos al no-mediocre o extraordinario,
aquel que ha encontrado los medios para sobreponerse a los demonios y al azar,
aquel que, a diferencia del mediocre nato, aborrece permanecer en la fila india,
aquel que posee el genio y sabe utilizarlo para transformar, desestabilizar,
en fin, el que es capaz de marcar un punto y aparte y poder continuar el párrafo.
Aunque estoy lejos de dotar de total licencia e impunidad
ante ciertos actos al ser extraordinario,
como lo hacía el personaje Raslkólnikov en Crimen y Castigo de Fiódor Dostoievski,
sí que puntualizo que el hecho de que esta persona no-mediocre
a partir de su voluntad encuentre el medio de atravesar el obstáculo,
ya sea por medio del crimen u otra acción ilícita,
y dé plena libertad a su ambición
es lo que la convierte en extraordinaria.