Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Deja de amarme, pero no me apartes
de la luz que tu risa enciende,
deja que la sombra te envuelva
si tu pecho lo pide,
pero no dejes que el silencio
sea más fuerte que tu voz,
que el viento aún me traiga
el eco de tu nombre en mis oídos.
Deja de amarme, si así lo dictan
los caminos del alma,
pero no me robes los recuerdos
de las tardes que fuimos
fuego y lluvia,
mar y viento,
todo y nada en el abrazo de un suspiro.
Deja de amarme, si ya el latido
se ha cansado de buscarme,
pero no apagues el sol
que alguna vez me diste
al entregarme tu mirada,
pues aún en la distancia
llevo en mi piel tu sombra.
Deja de amarme,
si ya no hay más para darme,
pero déjame el sueño
de que en algún rincón del mundo,
algún rincón del tiempo,
sigues siendo mi norte perdido
en un mar de olvidos.
de la luz que tu risa enciende,
deja que la sombra te envuelva
si tu pecho lo pide,
pero no dejes que el silencio
sea más fuerte que tu voz,
que el viento aún me traiga
el eco de tu nombre en mis oídos.
Deja de amarme, si así lo dictan
los caminos del alma,
pero no me robes los recuerdos
de las tardes que fuimos
fuego y lluvia,
mar y viento,
todo y nada en el abrazo de un suspiro.
Deja de amarme, si ya el latido
se ha cansado de buscarme,
pero no apagues el sol
que alguna vez me diste
al entregarme tu mirada,
pues aún en la distancia
llevo en mi piel tu sombra.
Deja de amarme,
si ya no hay más para darme,
pero déjame el sueño
de que en algún rincón del mundo,
algún rincón del tiempo,
sigues siendo mi norte perdido
en un mar de olvidos.