Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DECIR LO INÚTIL
Decir nada más lo inútil, lo pusilánime de una risa, grotesca noria despavorida, agitando rabias, impolutos vientos de grescas.
Decir aquello que banalmente hace parte de la comedia, el giro sobre los goznes de la repetición, de otros reflejos condicionados
allí, a través de los vitrales de la luz, detrás de las difuminadas vetas del milagro. Allí donde empieza un empecinamiento por las lágrimas o el lagrimeo adusto de la misma herida que ahora ardiendo de impiedad, de impotencia, alerta sobre lo caduco, lo que tiene un nombre inverso y no está salpicando frente al espejo una gras de sevicia, un hopjaldre que porta el desaliento y desentona con el iris que cabalga entre las sombras.
Lo inútil, como si en ello estuviera la lección más humana, el estertor sublime de quien aprende golpeándose la cara frente al cristal injusto de las sorpresas.
Decir nada más lo inútil, lo pusilánime de una risa, grotesca noria despavorida, agitando rabias, impolutos vientos de grescas.
Decir aquello que banalmente hace parte de la comedia, el giro sobre los goznes de la repetición, de otros reflejos condicionados
allí, a través de los vitrales de la luz, detrás de las difuminadas vetas del milagro. Allí donde empieza un empecinamiento por las lágrimas o el lagrimeo adusto de la misma herida que ahora ardiendo de impiedad, de impotencia, alerta sobre lo caduco, lo que tiene un nombre inverso y no está salpicando frente al espejo una gras de sevicia, un hopjaldre que porta el desaliento y desentona con el iris que cabalga entre las sombras.
Lo inútil, como si en ello estuviera la lección más humana, el estertor sublime de quien aprende golpeándose la cara frente al cristal injusto de las sorpresas.
Última edición: