Sinuhé
Poeta adicto al portal
Es tarde. Devuelve el antifaz, regresa a casa.
Todos bailan en trozos de hielo escarcha, al fugaz concierto del golpe.
Y la luz neón de humo en vela, se aleja de la esbelta mesa de centro.
Así te vas, entre las brisas de invierno,
al intermitente rascacielos, que no existe.
Y las lágrimas son negras en tu rictus nacarado, de miedo.
¿Escuchas? : los aplausos del vértigo.
Perpetua esclava de las quietas aguas al costado de la noche,
donde bajan los últimos destellos.
Todo pasará y al fin, soñarás el sueño que sueñas y sueñas.
Y en la silla del abuelo, al abrigo del andén te regresas, como siempre;
a tu casa sola de abrazos.
Y corres las cortinas de tu ciudad, ¿a qué esperas?,
en tu drama de artificio con el fuego.
Como siempre, nadie espera cuando llegas.
Es tu vida. Y no dejas de fingir.
Son los aplausos.
......
.....
....
...
..
.
Todos bailan en trozos de hielo escarcha, al fugaz concierto del golpe.
Y la luz neón de humo en vela, se aleja de la esbelta mesa de centro.
Así te vas, entre las brisas de invierno,
al intermitente rascacielos, que no existe.
Y las lágrimas son negras en tu rictus nacarado, de miedo.
¿Escuchas? : los aplausos del vértigo.
Perpetua esclava de las quietas aguas al costado de la noche,
donde bajan los últimos destellos.
Todo pasará y al fin, soñarás el sueño que sueñas y sueñas.
Y en la silla del abuelo, al abrigo del andén te regresas, como siempre;
a tu casa sola de abrazos.
Y corres las cortinas de tu ciudad, ¿a qué esperas?,
en tu drama de artificio con el fuego.
Como siempre, nadie espera cuando llegas.
Es tu vida. Y no dejas de fingir.
Son los aplausos.
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