Ella y yo
estábamos tan
acostumbrados
a la nostalgia
y a permitirnos
guardarnos palabras,
que cada vez
que sucedía una despedida,
suspirábamos cada vez
menos.
Por la ya tan desagradable
costumbre
de llorar
cuando eso sucedía,
pero ya nosotros
éramos monótonos
a eso...
a morir en silencio.
Tanto así,
que ahora me pregunto:
¿De qué lado sigue lloviendo?
estábamos tan
acostumbrados
a la nostalgia
y a permitirnos
guardarnos palabras,
que cada vez
que sucedía una despedida,
suspirábamos cada vez
menos.
Por la ya tan desagradable
costumbre
de llorar
cuando eso sucedía,
pero ya nosotros
éramos monótonos
a eso...
a morir en silencio.
Tanto así,
que ahora me pregunto:
¿De qué lado sigue lloviendo?