A contra luz.
Poeta asiduo al portal
"De lo que hice ,hago y pretendo hacer mi trillo por la vida"
De pegajoso fango en mis rotos zapatos,
de repentina niebla que empaña
mi ególatra ser,
de mi absorto sentido que elude las penas
en el si absoluto del no sucumbir.
En la rima que quiebra profundas canciones,
en el aire que falta para respirar,
en el dorso doblado sin miedo a las dudas
que erguido me postra y me evita morir.
En un flaco caballo de triste mirada de cascos muy rotos y muy lento andar;
de ramas que crujen al ver que llorando sentada en la esquina esperas por mí.
De luces muy frías de altos faroles
que absorben los miedos del no sonreír.
De ciervos rosados y negras magnolias,de dientes postizos
con lengua muy suelta.
De ardientes ojillos que hacen la seña,
de bocas dormidas y mentes despiertas.
De brazos que atan tus noches y siestas;
de sanos pregones de allá, de mi tierra.
Del rito que asoma en cualquier obra muerta
que el aura devora haciendo su fiesta,
del negro azabache que pende de un niño
con dientes de ajo rellenos de hechizo.
Del vientre abultado que guarda la vida y
el seno que espera por verla despierta;
de ruegos muy firmes de todas las noches
que pasan sus días sin una respuesta.
Del águila en vuelo con rayas de cebra
que carga en sus garras,la vida de un hijo,
que nunca despierta.
Del cielo en la cama y el norte muy cerca,
del miedo por siempre tocando a la puerta,
de mi rígida mano que ya,
no contesta.
De Mijares, sí.
De pegajoso fango en mis rotos zapatos,
de repentina niebla que empaña
mi ególatra ser,
de mi absorto sentido que elude las penas
en el si absoluto del no sucumbir.
En la rima que quiebra profundas canciones,
en el aire que falta para respirar,
en el dorso doblado sin miedo a las dudas
que erguido me postra y me evita morir.
En un flaco caballo de triste mirada de cascos muy rotos y muy lento andar;
de ramas que crujen al ver que llorando sentada en la esquina esperas por mí.
De luces muy frías de altos faroles
que absorben los miedos del no sonreír.
De ciervos rosados y negras magnolias,de dientes postizos
con lengua muy suelta.
De ardientes ojillos que hacen la seña,
de bocas dormidas y mentes despiertas.
De brazos que atan tus noches y siestas;
de sanos pregones de allá, de mi tierra.
Del rito que asoma en cualquier obra muerta
que el aura devora haciendo su fiesta,
del negro azabache que pende de un niño
con dientes de ajo rellenos de hechizo.
Del vientre abultado que guarda la vida y
el seno que espera por verla despierta;
de ruegos muy firmes de todas las noches
que pasan sus días sin una respuesta.
Del águila en vuelo con rayas de cebra
que carga en sus garras,la vida de un hijo,
que nunca despierta.
Del cielo en la cama y el norte muy cerca,
del miedo por siempre tocando a la puerta,
de mi rígida mano que ya,
no contesta.
De Mijares, sí.