Aquel niño
El Filiberto se hunde en ese mundo opaco gris que sin colores le guía en un sinfín de túneles profundos que se ramifican y se van multiplicando a medida que avanza. y se suman al cansancio, aquel bullicio sordo raro que lastima los oídos de repente risas muchas entre tanto laberinto, voces y lamentos de otros tiempos que como ecos le retumban y ve pasajes de su vida que le asombran, mientras un solo zumbido queda en el aire como un abanico encendido y en el fondo hay una luz hermosa de colores todos, y no, aun no ha muerto no es el fin para Filiberto, se introduce en esta y cual sorpresa, hay un rio cristalino y en una piedra sentado esta un niño triste hundido en tal desdicha el Filiberto con quietud se le acerca - hola dice el Fili con su ajada voz sin recibir respuesta alguna a su saludo, carraspea dos veces como que primero ensaya y un poco más fuerte interpela a este niño deprimido, el cual dice hola con voz débil, tímida y sin voltear a verle, solo mira el agua que corre cristalina en aquel gentil río, el fili no acierta a decir palabra. Solo lo ve asustado
- Estoy triste - le dice el niño pues me hice tantos sueños, me propuse tantos objetivos y te empeñaste en deshacerlos
Al fili se le ruedan dos lágrimas de tanta pena que siente, pues nunca pensó enfrentarse a su yo niño y piensa para si, que intentó descifrar su vida pero el niño lo interrumpe.
- No, no lo intentaste - le dice este niño parándose y viéndole a los ojos no construí una casa hace pucheros -, no tengo esposa, no tengo hijos, no sé hacer nada, nunca aprendí a hacer algo de provecho, a mis ochentaitres años, solo soy un pordiosero y termina atragantado en lagrimas. El viejo da la espalda y se despierta apesadumbrado.
Pordiosero
Cuantas noches frías,
congelaron tus pausados pasos,
tus recuerdos y caricias,
cuanto amor perdido en el ocaso.
congelaron tus pausados pasos,
tus recuerdos y caricias,
cuanto amor perdido en el ocaso.
Cuanta gente vio pasar a un pordiosero, muy pausado,
cuando en realidad, llevaba prisa,
hoy, volaron mil palomas de colores muchos,
hacia el horizonte azul.
cuando en realidad, llevaba prisa,
hoy, volaron mil palomas de colores muchos,
hacia el horizonte azul.
Entre las nubes y la brisa,
tú, no te preocupas, lo disfrutas,
te diriges al rincón de aquel olvido,
Mustio ingrato, ya marchito.
tú, no te preocupas, lo disfrutas,
te diriges al rincón de aquel olvido,
Mustio ingrato, ya marchito.
Estropeado, por los años ya vividos,
tú, a la par de este escondrijo,
que conoce ya tu avejentada vida,
tus recuerdos, tus dolores, tus quejidos,
tú, a la par de este escondrijo,
que conoce ya tu avejentada vida,
tus recuerdos, tus dolores, tus quejidos,
Te vas perdiendo entre la noche ya dormida,
te vas desintegrando en ese todo, entre lamentos,
pero tu cuerpo, queda ahí postrado,
para quedar quizá... como un cimiento.
te vas desintegrando en ese todo, entre lamentos,
pero tu cuerpo, queda ahí postrado,
para quedar quizá... como un cimiento.
Este triste viejo está abatido, nunca había considerado la posibilidad de suicidarse como hoy, voltea al cielo y siente que está detenido, las hojas de los arboles pareciera que fueran parte de alguna pintura en algún sueño grotesco en el que Filiberto sentado en aquella piedra y petrificado por el sufrimiento, es el personaje principal.
¡Que es pues lo que este pobre viejo puede hacer a sus años! no lo sabe, es demasiado tarde para pensar en estudiar ¿podría comportarse a sus ochentaitres años como el facundo su hermano y tomar al toro por los cuernos? ¿Cuanto tiempo le quedaba de vida? Por supuesto que no podía ser actor, ni mecánico, mucho menos doctor.
Ahora sentía el Filiberto, que la vida le estaba exigiendo pero el sentía que era ya demasiado tarde pues el siente que lo único con lo que cuenta son sus fantásticos sueños y su gran amor por la naturaleza y es esto lo que lo sostiene vivo hasta hoy, pero no podía seguir viviendo así, lo más cercano es el suicidio.
Perseguido por aquel recalcitrante calor y sus pesadillas se recuesta en el acariciante suelo y piensa en aquel día, cuando este compró su primer carro y necesitó reparación del motor, el lo arregló, recuerda claramente que le dijo a su padre, si los mecánicos pueden por que yo no.
Ahora piensa que tal vez si pudiera encerrar sus sueños y sus recuerdos en alguna especie de jaula y ahí dejarlos guardados para la posteridad tal vez alguien un día los vea y sepa como no debe de vivirse una vida y tendrá entonces que descubrir como vivirla.
Desde entonces, todos veían al fili con un cuaderno en sus manos y una pluma en las orejas otras veces escribiendo algo que para la gente eran solo locuras, desde ese tiempo fue el loco del cuaderno viejo y sucio, deshojado
La muerte
pasaron veranos, casi todos y inviernos, también los que en una sola vida caben, era precisamente invierno lo recuerdo y sopla el viento frio en esta noche como si algún reproche de esta nos gritara en nuestra cara y con coraje de ver con impotencia como un alma parte, sin lograr llevar sus sueños sin lograr sentirse vivo.
Pues después de algún llamado a la cruz roja, acudimos, el chofer cruzó Hermosillo sonora como un rayo y después de rebasar la urbe, las casas de cartón y vimos gente amontonada, es el viejo amoratado que de cuando en cuando convulsiona y sale sangre por su boca, hoy la noche es triste, el viento ya no ríe, a mí me toco levantarlo de la tierra, pobre viejo, va muriendo, después de los primeros auxilios, lo acomodo en la camilla, lo siento tenso rígido como si luchara para sí, contra la muerte, como si se rehusara a morir, pero muere en el trayecto.
De sus manos apretadas le desprendo este cuaderno sucio enlodado deshojado Y con el tiempo, descifré y acomodé estas letras que las dedico a aquellos que sueñan despiertos y no ven pasar los años cuando deben soñar y cimentar sus sueños, para aquellos que no ven con responsabilidad su vida.
Por que el viejo, estoy seguro sí hizo algo en esta vida, nos a enseñado como se debe de vivir la vida mostrándonos sus fracasos, sus frustraciones.
Voy por aquellas calles del centro de Hermosillo y en cada vagabundo veo un mundo diferente, y en ellos el espíritu de aquel pobre viejo oriundo de altar sonora, que se sintió vivo solamente los últimos tres años de su vida, pero bastaron para dejarnos una lección.
Pues de bien en bien, hay un dios que autoriza,
a un pordiosero soñar, al mirar la mar, el sol, la brisa,
esta es mi felicidad, pues al vagar entre la inmundicia
El tiempo me enseñó a esperar,
y si hoy viene por mí, que venga, le entregaré de mí, mis primicias.
a un pordiosero soñar, al mirar la mar, el sol, la brisa,
esta es mi felicidad, pues al vagar entre la inmundicia
El tiempo me enseñó a esperar,
y si hoy viene por mí, que venga, le entregaré de mí, mis primicias.
AUNQUE MUERTOS
Si después de traspasar en este mundo,
las barreras del amor y del coraje,
no abra un día para dos tan tremebundo,
siento el mundo, aun perdido en la distancia,
y de aquellos que en el cielo se creyeron
no se rieron, pues buscaron, no encontraron,
esa dicha que cosechan los que fueron
más tenaces, más porfiados, más sinceros,
y aunque muertos, resplandecen en la tierra,
y se entierran, cual semilla en esta vida
triste, como el viento que te esquiva,
y que viaja al cielo azul,
entre nubes y palomas en parvadas,
y me enfada,
que en algún lugar, una porción desconocida
de la vida, se hace nada Se derrumba, se marchita.
Si después de traspasar en este mundo,
las barreras del amor y del coraje,
no abra un día para dos tan tremebundo,
siento el mundo, aun perdido en la distancia,
y de aquellos que en el cielo se creyeron
no se rieron, pues buscaron, no encontraron,
esa dicha que cosechan los que fueron
más tenaces, más porfiados, más sinceros,
y aunque muertos, resplandecen en la tierra,
y se entierran, cual semilla en esta vida
triste, como el viento que te esquiva,
y que viaja al cielo azul,
entre nubes y palomas en parvadas,
y me enfada,
que en algún lugar, una porción desconocida
de la vida, se hace nada Se derrumba, se marchita.
Aun sin tener formación literaria, ME ENCANTA ESCRIBIR