cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
DE LA VIDA REAL
Por: cristóbal monzón lemus.
Ella única mujer entre tres hermanos; una madre
obsesionada, por una vida social y amigas de alta
sociedad; esperaba la llegada de su hija de la
escuela, e irse de visita por largas horas, mientras
ella, cargo se hacía de sus hermanitos, limpieza
de todo, cuidado y alimento de ellos. Sus tareas
las dejaba para el recreo del siguiente día.
El orgullo de la madre era la cocina, propiciaba
reuniones en su casa, excelente anfitriona, le
encantaba, alabaran sus platillos, cocinados con
esmero, con la ayuda de su hija, siguiendo
instrucciones, para no menos de 20 invitados. Era
pez en el agua, la reina de la fiesta, mientras su
primogénita, yendo, viniendo, corriendo, atendiendo.
En una pausa del almuerzo, alimentaba a los niños,
mientras lavaba los trastos, comía lo que podía.
Los hijos crecieron, se hicieron profesionales, fotos
solo de ellos en la sala. Ella a cargo de la casa,
manejaba el presupuesto y gasto de todos los días.
La madre en su rutina, no dejaba la costumbre de sus
reuniones: Control absoluto de su hija: No fiestas,
salidas, mucho menos novio, ella suplía los quehaceres
de casa, su mano derecha, no importaba, se hubiese
quedado en primaria.
Pero se las arreglaba de esa esclavitud, con una amiga
de confianza en la familia, aunque mentían en sus
salidas, se enamoró, dejó la casa y fue a trabajar, deseaba
ganar su propio dinero, aún así de escondidas veía al amor
de su vida, de quien se embarazó.
La extrañaron de su casa, nació su hijo, ahora es feliz con
el hombre que ama y se casó, vivían juntos los tres, ahora
son abuelos, el hijo se matrimonió. Los años no se detienen
todo aquello ahora es historia, de la vida real, así sucedió
Por: cristóbal monzón lemus.
Ella única mujer entre tres hermanos; una madre
obsesionada, por una vida social y amigas de alta
sociedad; esperaba la llegada de su hija de la
escuela, e irse de visita por largas horas, mientras
ella, cargo se hacía de sus hermanitos, limpieza
de todo, cuidado y alimento de ellos. Sus tareas
las dejaba para el recreo del siguiente día.
El orgullo de la madre era la cocina, propiciaba
reuniones en su casa, excelente anfitriona, le
encantaba, alabaran sus platillos, cocinados con
esmero, con la ayuda de su hija, siguiendo
instrucciones, para no menos de 20 invitados. Era
pez en el agua, la reina de la fiesta, mientras su
primogénita, yendo, viniendo, corriendo, atendiendo.
En una pausa del almuerzo, alimentaba a los niños,
mientras lavaba los trastos, comía lo que podía.
Los hijos crecieron, se hicieron profesionales, fotos
solo de ellos en la sala. Ella a cargo de la casa,
manejaba el presupuesto y gasto de todos los días.
La madre en su rutina, no dejaba la costumbre de sus
reuniones: Control absoluto de su hija: No fiestas,
salidas, mucho menos novio, ella suplía los quehaceres
de casa, su mano derecha, no importaba, se hubiese
quedado en primaria.
Pero se las arreglaba de esa esclavitud, con una amiga
de confianza en la familia, aunque mentían en sus
salidas, se enamoró, dejó la casa y fue a trabajar, deseaba
ganar su propio dinero, aún así de escondidas veía al amor
de su vida, de quien se embarazó.
La extrañaron de su casa, nació su hijo, ahora es feliz con
el hombre que ama y se casó, vivían juntos los tres, ahora
son abuelos, el hijo se matrimonió. Los años no se detienen
todo aquello ahora es historia, de la vida real, así sucedió