“Hay momentos en los que nadie habla y la palabra se vuelve un fantasma”
Verónica Gerber
Verónica Gerber
Sobre basalto cortado gravitan
mórbidas caléndulas en funiculares
Son the azúcar, the pan.
De carobono y silioce,
de ácido y de bases.
Tienen PH neutro.
Son de cada día, cada mes y cada segundo;
y de cada décima, cada centésima y cada milésima de segundo.
De mi historia y de lo que no recuerdo.
De queso y de patata y no de jabón.
Son ellos.
Los que dejé en la caja fuerte,
los que quemé mañana.
Los que…
Dormí con ellos, nunca estuvieron.
Mueren a veces, nunca existieron.
Se van al último, nunca acudieron.
Te cuidaron mucho, se despidieron diario.
Dejaron nada, trajeron todo.
Nadaron siempre, vivieron secos.
Rigieron en, no gobernaron.
Comieron poco, te devoraron.
Quisieron nada, exigieron todo.
Esperaron todo, pidieron nada
Te mandaban lejos y te regresaban.
Rompían brincos, saltaban siempre.
Te socorrieron,
y rechazaron.
Vivieron lento y se les fue la vida,
cargaron tanto y se descartaron,
planeaban alto y volaron bajo,
rimaron mucho y desentonaron,
copiaron vidas -las que no conocieron-.
Asesinaron,
revivieron.
Se bajaron y se murieron.
Se rajaron y se pudrieron.
Ya habían muerto y lo repitieron.
Nunca fueron y no vivieron.
Malgastaron y se comieron,
y se bebieron y se tragaron,
se indigestaron y vomitaron.
y...
...regresaron muertos, rotos y bien cansados.
Desperdigados y moribundos.
Después de muertos y
aún moribundos, negaron todo.
Horrorizados porque la muerte se les acababa
se iban quedando solos.
Solos con el aburrimiento y la angustia.
La muerte se les acababa
ya casi no quedaba nada.
Querían hacerla durar
y no duro nada, ni un segundo más.
Ni una décima, ni una centésima,
ni una milésima.
Ni siquiera una millonésima,
ni millonésima de millonésima.
Nada.
Al final pude verlos,
la vida los tomo por sorpresa
y terminó con sus largas muertes.
No quedó nada.
Fueron.
Y yo…
Y yo… de la nada, soy otro.