Jaimesaga
Poeta recién llegado
Salí de ese infierno de comercio,
Y me dirigí al parking para volver
A la comodidad de mi coche.
Hacía frío.
Mi sorpresa, cuando de entre todos
Los sitios vacíos, hay otro coche aparcado
Junto al mío.
No lo recordaba. Da igual.
Me encojo de hombros y me intento
Meter por la puerta sin dañar al nuevo vecino,
Con la mala suerte de rozar levemente
Con mi mano su retrovisor.
En ese momento percibo la mirada penetrante
Y desafiante del conductor que estaba ahí metido,
Cual fantasma en la penumbra de la opera; embutido
Y rodeado de nada, sólo sombra.
Ignoro su mirada y zarandeo la mano a modo de disculpa.
Sigue con su mirada; yo la sigo ignorando. Me siento,
Cierro, saco el móvil; cero llamadas:
Vale, entonces esto no es un sueño.
Miro al frente, sintiendo la mirada de odio
De mi nuevo vecino, nuevo enemigo.
Suspiro, y cuando voy a arrancar, él se baja,
Cierra su puerta, y noto que se detiene para analizar
El choque de titanes de hace unos instantes
Entre mi mano y su bello retrovisor.
Su informe es claro: cero bajas.
Se gira y se dirige andando para entrar
Al centro comercial.
Vuelvo a suspirar, y miro la carrocería de su coche.
Menudo cuadro, hijo; ¿o debería decir guarro?
Vuelvo a suspirar, y ahora niego con la cabeza,
Mientras veo perderse su silueta entre la bruma:
“Ahí va otro despojo de la sociedad”, me digo.
¿Cuál es el problema? Que él no lo sabe.
No juzgo, le sentencio, ¿Y qué?
Así está el mundo, lleno de ignorantes.
Y me dirigí al parking para volver
A la comodidad de mi coche.
Hacía frío.
Mi sorpresa, cuando de entre todos
Los sitios vacíos, hay otro coche aparcado
Junto al mío.
No lo recordaba. Da igual.
Me encojo de hombros y me intento
Meter por la puerta sin dañar al nuevo vecino,
Con la mala suerte de rozar levemente
Con mi mano su retrovisor.
En ese momento percibo la mirada penetrante
Y desafiante del conductor que estaba ahí metido,
Cual fantasma en la penumbra de la opera; embutido
Y rodeado de nada, sólo sombra.
Ignoro su mirada y zarandeo la mano a modo de disculpa.
Sigue con su mirada; yo la sigo ignorando. Me siento,
Cierro, saco el móvil; cero llamadas:
Vale, entonces esto no es un sueño.
Miro al frente, sintiendo la mirada de odio
De mi nuevo vecino, nuevo enemigo.
Suspiro, y cuando voy a arrancar, él se baja,
Cierra su puerta, y noto que se detiene para analizar
El choque de titanes de hace unos instantes
Entre mi mano y su bello retrovisor.
Su informe es claro: cero bajas.
Se gira y se dirige andando para entrar
Al centro comercial.
Vuelvo a suspirar, y miro la carrocería de su coche.
Menudo cuadro, hijo; ¿o debería decir guarro?
Vuelvo a suspirar, y ahora niego con la cabeza,
Mientras veo perderse su silueta entre la bruma:
“Ahí va otro despojo de la sociedad”, me digo.
¿Cuál es el problema? Que él no lo sabe.
No juzgo, le sentencio, ¿Y qué?
Así está el mundo, lleno de ignorantes.