jorgeaa
Poeta recién llegado
"Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero que es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso." Cortázar
Caminando por la calle del olvido,
crucé a la izquierda en la reminiscencia de todos los ayeres.
Un joven, flacucho y enérgico,
me guiaba por el camino,
tan familiar y a la vez tan ajeno a mi memoria.
Atravesamos por los crepúsculos y los anocheceres ,
de rostros fríos y grisáceos,
que estoy seguro de haber visto,
en algún lugar entre el desvelo y la embriaguez.
A los lejos,
se encontraba encallada en las piedras de la nostalgia,
una embarcación vieja y podrida,
en donde descansaban en ataúdes entreabiertos,
todas las mujeres de las que alguna vez me enamoré.
Mi cabeza se sacudía violentamente en un mar de lágrimas,
mientras mi mente naufragaba en una insípida laguna
sin fondo ni orilla.
Regresé al bar de siempre, sólo y cabizbajo;
todo parecía oscuro y lúgubre.
doña Roxana me sirvió la misma cerveza, tibia y acuosa;
lamento boliviano sonaba en la rocola
y las peleas entre los demás borrachos
estaba llegando a enardecerse.
De este lado de la remembranza, todo sigue igual.
Jorge Aguilar Amado
Caminando por la calle del olvido,
crucé a la izquierda en la reminiscencia de todos los ayeres.
Un joven, flacucho y enérgico,
me guiaba por el camino,
tan familiar y a la vez tan ajeno a mi memoria.
Atravesamos por los crepúsculos y los anocheceres ,
de rostros fríos y grisáceos,
que estoy seguro de haber visto,
en algún lugar entre el desvelo y la embriaguez.
A los lejos,
se encontraba encallada en las piedras de la nostalgia,
una embarcación vieja y podrida,
en donde descansaban en ataúdes entreabiertos,
todas las mujeres de las que alguna vez me enamoré.
Mi cabeza se sacudía violentamente en un mar de lágrimas,
mientras mi mente naufragaba en una insípida laguna
sin fondo ni orilla.
Regresé al bar de siempre, sólo y cabizbajo;
todo parecía oscuro y lúgubre.
doña Roxana me sirvió la misma cerveza, tibia y acuosa;
lamento boliviano sonaba en la rocola
y las peleas entre los demás borrachos
estaba llegando a enardecerse.
De este lado de la remembranza, todo sigue igual.
Jorge Aguilar Amado